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LAS DOSIS DE CASTA, VALOR Y OFICIO
 
Texto
Rodrigo Urrego B.
Fotos
Diego Caballero y Mario Franco
 
 

Diego Urdiales confirmó alternativa

La cuarta de abono en la Santamaría empezó por todo lo alto. Y aunque se fue diluyendo en la medida justa para que la corrida no fuera redonda, ese inició valió su peso en oro.
 
Y todo cuanto aconteció en los primeros cuatro toros, es difícil de borrar de la memoria.
 
La casta, en sus mayores dimensiones, apareció en el segundo toro de la tarde. Y 'Manchego', un toro negro de imponente trapío, fue su mejor exponente.
 
Primero, porque su pelea en varas fue ejemplar: metiendo riñones y con la cara humillada, aceptaba con fiereza el gran puyazo de Cayetano Romero, quien dio una lección de torear a caballo en el primer tercio.

 
Sebastián Vargas, que también sacó mucha casta, supo de sus condiciones y no perdonó un quite por chicuelinas. Y como el toro transmitía emoción, el colombiano hizo lo propio para conectar con el tendido. Lo hizo con un emocionante tercio de banderillas, en el que especialmente fue muy ovacionado en el tercer par, al hilo de las tablas y asomando las banderillas por detrás de su cuerpo.

 


 
La faena de muleta fue aún más emocionante. Primero porque el de Santa Bárbara embestía con codicia y recorrido. Y luego porque el trasteo de Vargas tuvo en el temple y el poderío sus principales virtudes. Hubo petición de indulto, pero el torero, consiente que tenía el triunfo en las manos, lo aseguró con una espectacular estocada. Dos orejas y vuelta al ruedo al muy bravo ejemplar.
 
Vargas pudo haber cortado una oreja más. En el cuarto. Un toro que medía en los primeros tercios, pero que en la muleta apostó por embestidas temperamentales. El colombiano puso la cara y encontró acople. Otra gran estocada, que por sí sola merecía premio, no fueron suficientes para la evaluación de la presidencia.
 
Diego Urdiales no sólo confirmó su alternativa en la Santamaría. También ratificó que en su pequeño cuerpo se concentra valor y torería. Porque su faena, al noble colorado que abrió plaza, trascendió por la vía de la estética y el buen gusto. Los muletazos no sólo fueron templados si no que tuvieron muy fino trazo. La oreja fue el premio al impacto que causó su presencia.
 
Y el valor fue en el sexto. Un castaño serio que no regalaba las embestidas. Diego le plantó cara con seriedad y le arrancó muletazos que parecían imposibles y en las que el toro terminó acobardado y con la batalla perdida. Una gran ovación de despedida y seguramente de invitación para futuras temporadas.
 
El oficio de Miguel Abellán fue la clave para imponerse al lote más complejo. Es cierto que el tercero de la tarde (el de menor trapío pese a su inquietante y astifina cornamenta) trajo emoción por la vía de la violencia: se revolvía en un palmo de terreno y lanzaba cornadas como si tuviera hachas en lugar de pitones. El madrileño, a punta de buena colocación consiguió templar dos series de naturales, de trazo largo y lento, y de suma categoría. Quizás fueron las series más toreras de toda la tarde.
 
El quinto, un jabonero sucio, también protagonizó una emocionante pelea en el tercio de varas. Pero todo resulto como un espejismo. Después se acobardó y se rajó, buscó refugio en los tableros y rehusó de aceptar la muleta de Abellán. Voluntad, y mucho oficio, para marcharse a pie, pero con la frente en alto.
 
 
 
 
 
 
 

Ficha

Bogotá, plaza de toros de Santamaría
Domingo 6 de febrero
Cuarta de abono
media plaza

 

Se lidiaron seis toros de Santa Bárbara, aunque desiguales de hechuras, serios de presentación salvo el tercero. Notable el segundo, premiado con la vuelta al ruedo. Primero noble, tercero violento, cuarto encastado, quinto y sexto mansos. Pesos:

 531, 574, 450, 453, 464 y 511 kgrs

 

  Sebastián Vargas
  (nazareno y oro)
  2 orejas y saludo tras petición.
  Miguel Abellán
  (palo de rosa y oro)
  vuelta al ruedo tras petición y silencio.
  Diego Urdiales
  Una oreja y gran ovación.
   
   
 
 

Detalles: Gran vara de Cayetano Romero al segundo de la tarde. Diego Urdiales confirmó con el toro Centauro, número 637 y de 531 kilos.