OREJA PARA MANRIQUE Y RAMSÉS A QUIEN LE NIEGAN LA PUERTA GRANDE
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Entre un público poco sensible, o poco entendido, y un palco presidencial de controvertido criterio, dejaron marchar a Ramsés caminando por la puerta de cuadrillas. Lo justo, lo razonable, era que el torero bogotano saliera a hombros, y no con una sola oreja. Su tarde ha debido ser valorada con tres orejas.
Fueron dos faenas a toros de Mondoñedo muy complejos, que tenían transmisión, pero que no regalaban embestidas. Pero el torero consiguió sacarlas con el argumento de un firme y sereno valor, sin aspavientos, que en ambos toros convirtió en serios arrimones, dignos de un torero que merece mayor espacio, y mucho mejor tratamiento.
Lo del primero fue impactante. Porque el torero se puso a media distancia, y ofreció la muleta con verdad. El temple de su mano consiguió dominar a un toro que, aunque no parecía, terminó embistiendo con fuerza. La espada quedó contraria y el toro aguantó mucho para doblar. Es cierto, el público enfrió la temperatura, pero fue injusto que muy pocos pañuelos salieran al viento.
Lo del cuarto fue aún más emotivo. Un castaño de serias hechuras que también tenía cómo transmitir. Paró la plaza en un pase cambiado por la espalda, que fue el inicio de una faena donde la firmeza de planta fue la mayor cualidad. Ese valor sereno y esa quietud, fueron todo emoción. Porque era un toro para jugarse la vida. Un toro enrazado y fiero, pero había que estar enrazado, y así estuvo el torero.
Lo mató de una estocada de gran ejecución, que quedó ligeramente desprendida. Aquí sí que el público pidió las dos orejas, pero la presidencia la negó. Faltó mayor coherencia en el palco para valorar la que fue una tarde completa. Una oreja, premio insuficiente.
Pepe Manrique se llevó la otra oreja. Lo hizo en el cuarto. Y si consigue matar a su primero, seguro que también hubiese podido abrir la puerta grande. A Manrique le correspondió el mejor toro del encierro, precisamente el que abrió plaza. De nombre ‘Hoyador’ y tuvo calidad y nobleza, sin dejar de lado que sus embestidas también transmitieron.
Pepe cuajó una faena vibrante en la que el buen gusto fue la nota predominante. Mejor por el derecho, pues la corrida se expresó mejor por ese pitón. Hubo series muy emotivas, y tuvieron gran conexión con el público. La oreja parecía segura, pero el torero escuchó un aviso.
El cuarto capítulo de la tarde fue muy interesante. El de Mondoñedo parecía ser una ‘prenda’. Pues en los dos primeros tercios no toleró el castigo, y en el primer muletazo que intentó Manrique, se frenó de fea manera.
A pesar de eso, el torero se fue a la mitad del ruedo, y dando distancia, el toro respondió mejor. Fue muy emotivo porque allí había un torero que quería hacer el toreo con gusto y un animal que tuvo embestidas, más rabiosas que bravas. Pero el toro fue a más y fue el que mejor final tuvo en la corrida. Fue toda una apuesta de Manrique, que sirvió, incluso, para que el toro fuera muy valorado por el público. La faceta de Manrique fue de lidiador y tuvo su premio.
Juan Solanilla tuvo una tarde difícil. Su lote también tenía mucho por resolver, pero quizás su toreo, más de buenas y bonitas formas, aún le falta fondo y contendido. Por eso se vio incómodo, dando la sensación que estos toros le vienen a contraestilo. A pesar de estar siempre arropado por el público, no fue buena la imagen, especialmente con el último, donde deambuló a la deriva ante un toro manso que siempre huyó y buscó las tablas.
Ficha Pepe Manrique (verde botella y oro): silencio tras aviso y una oreja Buena brega de Ricardo Santana al cuarto.
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