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TRIUNFOS Y EXESOS
Texto
Rodrigo Urrego B.
Fotos
Diego Caballero y Rodrigo U.
Video Manuel C.
La imagen del epílogo, con la terna de toreros a hombros bajo un inclemente chaparrón, resumía lo que fue la tarde: una gran tarde de toros.
Toros hubo, y variopintos. Uno muy notable. Bravo y encastado. Fue el segundo de la tarde. Imponente por su trapío, por sus pitones bien colocados y astifinos. E imponente también por la forma como embistió. Con bravura, calidad, clase, transmisión. En una palabra, con emoción, pero de la buena.
De saluda había apuntado sus condiciones. Y El Cid lo comprendió con el capote, en un saludo con mucho gusto. Y más aún, el toro peleó con bravura, con la cara abajo, metiendo riñones, debajo del peto de la cabalgadura que había servido para que el picador Juan Manuel Ruiz toreara a caballo y dejara un puyazo en todo lo alto.
La faena elevó la temperatura de la tarde. El Cid toreó con suma categoría, especialmente con la mano izquierda. Los naturales tuvieron tres virtudes. Trazo impecable, de mano baja y de largo recorrido. Quizás ha sido la mejor tarde del sevillano en la presente temporada. La estocada cayó baja y ahí empezaron los excesos del palco. Dos orejas que tuvieron la mancha de la estocada. El gran toro de Juan Bernardo Caicedo merecía la vuelta al ruedo, pero terminó arrastrado en línea recta y bajo una ovación insuficiente.
El cuarto, un precioso jabonero, desarrolló complicaciones. Primero porque se fijaba demasiado en el rosa y oro del torero, y porque su raza se transformó en genio. El derecho era el pitón complejo, pero el izquierdo también desarrolló lo mismo. El Cid le plantó cara. Es cierto que tardó en acoplarse. Pero la paciencia y la voluntad, rayando en la terquedad, hizo que el torero se impusiera. Al final, cuando todo apuntaba a la brevedad, sacó unas series poderosas. La espada también cayó bajo, pero del palco también bajó otra oreja.
Luque, concierto al natural
Había roto la tarde, apenas en el primero, Daniel Luque. Las verónicas fueron de auténtico cartel. Con el mentón clavado en el pecho y con un trazo imponente.
Con la muleta, fue un concierto al natural. La mano izquierda del sevillano también marcó diferencia y demostró que es de muchos quilates. La faena fue rotunda y la estocada cayó en la cima donde estaba la faena. En todo lo alto. Dos orejas sin discusión.
El sexto fue el más deslucido. Y Luque intentó pero no había reciprocidad.
Bolívar, cara y sello
Luis Bolívar se encontró con una tarde en la que sus compañeros habían puesto un punto muy alto. Difícil papeleta. Pero la sorteó, primero, por su variedad con el capote. Un gran saludo y un galleó para poner al toro en el caballo. La plaza volvía a levantarse.
En la muleta el toro fue a menos. Y mientras duró, Bolívar lo templó con gusto, a media altura, circunstancia que ayudó para que el toro durara. Una estocada en lo alto mereció la oreja.
El quinto no fue un dechado de virtudes. En los primeros tercios pocos apostaban por él. Bolívar, con la intención de salir a hombros, se fue a los medios. Aprovechó un primer momento de temperamento del toro. Y después a exprimir lo poco que había, aunque no siempre con buenas manera. La espada cayó baja y el palco quiso sacarlo a hombros y concedió una oreja que fue muy protestada en la vuelta al ruedo.
FICHA DEL FESTEJO
Bogotá, plaza de toros de Santamaría
Domingo 13 de febrero de 2011
Quinta de abono
Casi tres cuartos de entrada
Seis toros de Juan Bernardo Caicedo, muy bien presentados, variados de hechuras y capas, y de juego desigual. Sobresalió por su clase y bravura el segundo. Noble el primero. A menos el tercero. Violento y complejo el cuarto, deslucidos quinto y sexto.
El Cid
(rosa y oro)
dos orejas y una oreja
Luis Bolívar
(Azul turquesa y oro)
oreja y oreja protestada
Daniel Luque
(corinto y oro)
dos orejas y silencio tras aviso
Daniel Luque confirmó alternativa. Excelentes puyazos de Juan Manuel Ruiz y Luis Viloria a segundo y quinto. Muy buenos pares de James Peña al primero y Rafael Perea El Boni.
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