Reportaje

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DIEGO GONZÁLEZ: TRAS LA FAENA SOÑADA

 

Texto y Fotos
Rodrigo Urrego B.

Ganadería Ambaló Locación: Plaza de Toros Agustín Barona Pinillos Popayán – Cauca

Hacer el paseíllo junto a dos máximas figuras del toreo no es una novedad para Diego González. Todo lo contario. Durante 15 años de alternativa -los cumplirá el 11 de diciembre de 2009-, su nombre ha sido apetecido por todos los empresarios para rematar los mejores carteles de sus respectivas temporadas.

Por eso, no será novedad para él coincidir en el patio de cuadrillas con ‘El Juli’ o Miguel Ángel Perera, dos figurones con los que ya ha alternado en Bogotá y Medellín, respectivamente. Eso lo hará en la próxima feria de Cali, a la cual volverá tras una inexplicable ausencia de un año.

 

Esa cualidad de rematar carteles se llama caché, una especie de categoría que ostentan muy pocos. Sin embargo, el hecho de volver a un cartel tan rematado, en un momento difícil, ha supuesto para el torero caleño una nueva dosis anímica para revitalizar su dilatada carrera.

No es una nueva oportunidad. Es una inclusión justa, pues la última vez que pisó Cañaveralejo, vestido de luces, pasó del infierno a la gloria, tras escuchar tres avisos y luego indultar a ‘Pilarico’, un bravo toro de Mondoñedo.

Más bien, es el momento de marcar una diferencia basada en su excelsa interpretación del toreo. Diego, desde su fulgurante aparición a principios de los 90, ha tenido la marca de ser, quizás, el torero colombiano de más depuradas y finas maneras. Y la feria de Cali 2009 – 2010, es el momento para superar varios listones marcados.

 

 

Ver a Diego González en una plaza ilusiona a muchos profesionales y aficionados. Verlo en el campo, en la intimidad de un tentadero, produce muchas sensaciones. Como la de un torero que, sin alardes, entrega todo cuanto hay en su interior. En su alma se respira toreo, y en cada suerte que interpreta parece que parte de su interior se lo llevara las embestidas de las becerras.

Esas sensaciones pudieron ser captadas por los lentes de PUERTA GRANDE. El escenario, la plaza de toros de Popayán, pues las circunstancias de orden público del país, en años anteriores, trasladaron las faenas camperas de selección de vientres en la legendaria ganadería de Ambaló.

Allí, Diego González también expuso que su técnica se ha ido consolidando al punto de convertirse en un fuerte cimiento del toreo fino y elegante que suele expresar. Como el de aquel 27 de diciembre de 2005 en Cañaveralejo, cuando cortó tres orejas a un encierro de Juan Bernardo Caicedo y se llevó el trofeo a la mejor faena.

Diego, en el campo, cuece una obra que tendrá que explotar el próximo 28 de diciembre, el día de su regreso a las ferias.


 

 

 

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