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La
Dinastía Capetillo
Por:
Roberto Prieto Velasco
Es
frecuente que el hijo de un torero, como el de un médico, un ingeniero
o un abogado, decida seguir los pasos de su padre. Que dos hijos de un
torero se enfunden el traje de luces, es algo menos común, y que
logren destacar en esta dura profesión, es muy raro.
En México existen varias dinastías toreras, siendo tal vez
las más emblemáticas la de los «Armillita»,
los Capetillo y los Silveti. Fermín y Miguel, Manolo y Guillermo
y David y Alejandro, consiguieron, en mayor o menor medida, mantener en
alto el glorioso nombre que heredaron de sus respectivos padres.

Don
Manuel, flanqueado por sus hijos
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Los Capetillo en la Plaza México.
Manolo y Guillermo.
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Lamentablemente ya no
nos acompañan el maestro Fermín Espinosa Saucedo «Armillita
Chico» ni David Silveti Barry, pero, gracias a Dios, don Manuel
Capetillo, considerado como la última de las grandes figuras de
Jalisco, goza de buena salud y puede seguir compartiendo cartel con sus
hijos, aunque ya no en los ruedos como lo hiciera hasta hace algunos años,
sino en la intimidad de su hogar.

Foto
reciente del Maestro Manuel Capetillo recibiendo un premio. |
Manuel Capetillo Villaseñor
El patriarca
de la dinastía, Manuel Capetillo Villaseñor, considerado
en su momento como el mejor muletero del mundo por su toreo hondo, de
acusada personalidad y sus largas faenas, tomó la alternativa el
24 de diciembre de 1948 en la plaza de Querétaro, de manos de Luis
Procuna y en presencia de Rafael Rodríguez.
Le cortó una
oreja al toro de la alternativa y su segundo enemigo lo hirió en
el muslo izquierdo. Al mes, el 23 de enero de 1949, confirmó su
alternativa en la Plaza México actuando con Luis Castro "El
Soldado" que ofició de padrino, y Antonio Velásquez
de testigo.
Templado
derechazo. Iniciando uno de sus famosos pases "tridimensionales". |
En 1952, durante su segunda
campaña por ruedos españoles, Capetillo confirmó
la alternativa en Madrid, el 15 de mayo, tarde en la que cortó
una oreja luego de que Paquito Muñoz le cediera los trastos ante
la atenta mirada del maestro Antonio Ordóñez.
Una vez terminada la temporada española, Manuel Capetillo volvió
a México donde se reencontró con su público y triunfó
por todo lo alto en diversas plazas, quedando muy bien colocado de cara
al siguiente año. Sin embargo, en 1953 abandonó los ruedos
para dedicarse de manera exclusiva a su carrera de cantante de rancheras.
Para beneplácito de la afición, en 1957 el Maestro se vistió
de luces nuevamente.
Largo
y templado natural del mejor muletero del mundo.
Manuel Capetillo, uno
de los toreros más importantes que ha dado México, fue un
referente obligado para las generaciones de los años 50, 60 y 70.
En la plenitud de su carrera fue el mandón de la Fiesta, tenía
tal tirón, que en el derecho de apartado de la Plaza México,
anunciaban a «La primera figura del Toreo», ponían
una fotografía suya y el público se abonaba sin saber quién
más iba a torear.
En La México brindó grandes tardes de toros, salió
muchas veces en hombros, cortó 4 rabos y también sufrió
varias cornadas, una de ellas de extrema gravedad. El 23 de marzo de 1959,
un toro de La Laguna lo corneó en el pecho y estuvo a punto de
causarle la muerte; las secuelas de la cornada lo mantuvieron alejado
de los ruedos un año, pero su vuelta fue arrolladora, aunque se
prodigó menos, cosechó triunfos en todas las plazas en las
que se presentó.
Cara
y cruz de la fiesta, tragedia y gloria, sangre y triunfo...
Una de las faenas que
más marcó al Maestro Capetillo y que quedó para siempre
en la retina de los aficionados de la época, fue la que le realizó
al toro «Tabachin». Esa tarde el diestro Jalisciense rozó
la perfección, fue tal el éxito alcanzado que decidió
ponerle el nombre de aquel gran toro a su rancho, aunque luego, en honor
a sus hijos toreros, lo rebautizó como «Rancho Capetillo».
El
patriarca departiendo con sus herederos |
Don Manuel, en su condición
de figura del toreo, siempre defendió su territorio «agasajando»
a sus pares españoles que llegaban a México, con vibrantes
corridas mano a mano. Compitió en buena lid con toreros como Antonio
Ordóñez o Manuel Benítez «El Cordobés»
y otros toreros hispanos de relumbrón.
En marzo de 1963, encabezó
el cartel de la llamada «Corrida del Siglo» que se dio en
Guadalajara, alternando con Joselito Huerta, Joaquín Bernadó
y Paco Camino, de la que salió a hombros al cortar dos orejas.
Hacia el final de su carrera, el Maestro aceptó torear mano a mano
con un joven torero que le profesaba una gran admiración: Manolo
Martínez. Aquella tarde en la que ambos cortaron sendos rabos y
abandonaron la plaza «El Toreo de Cuatro Caminos» en hombros,
marcó el despegue definitivo de Manolo Martínez, quien a
la postre se constituyó en el sucesor del Maestro Capetillo como
primera figura del toreo mexicano.
Aunque en 1968 Manuel Capetillo anunció su retiro definitivo de
los ruedos encerrándose con seis toros, en 1981 volvió a
vestirse de torero para darle la alternativa al mayor de sus hijos, Manuel,
en presencia de Guillermo, el menor de la dinastía. Los Capetillo
hicieron el paseíllo juntos en Puebla, San Luis Potosí,
Mérida (Yucatán), Villahermosa (Tabasco), Durango y otras
plazas, marcando un hito en la historia del toreo ya que hasta la fecha
no se conoce ningún otro caso de un padre que haya alternado con
dos hijos matadores de toros.

3
TOREROS 3 |
Manuel Capetillo De Flórez
El primogénito
de la dinastía, Manuel, desde su nacimiento respiró torería
y fue uno de los fundadores de «La Cuadrilla de Niños Toreros»,
conformada por los Arruza, los «Armillita», los Silveti, su
hermano Guillermo y otros hijos de destacados coletas.
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(De
izquierda a derecha) David Silveti, Miguel Espinosa "Armillita",
Guillermo Capetillo, Martín Obregón, Manuel Capetillo,
Fermín Espinosa "Armillita", José Manuel
Espinosa y Manolo Arruza.
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Manolo toreando por naturales mientras Guillermo, en la tronera
del burladero, espera su turno.
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Venga
hijo... ¡al toro! |
Después de triunfar
en todas las plazas mexicanas con «La Cuadrilla», Manuel inició
una larga y fructífera carrera de novillero, etapa en la que indultó
en la plaza México al novillo «Jardinero» de Garfias,
el 13 de noviembre de 1977.
Se hizo matador de toros el primer día del año 1981, en
San Luis Potosí, en tarde de "capetillismo" puro, ya
que su padre ofició de padrino y su hermano Guillermo de testigo.
Una corrida de tres toreros, tres estilos y un apellido. La confirmación
tuvo lugar en La México el 10 de julio de 1983, siendo Mariano
Ramos el padrino y José Alonso el testigo.
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Dos versiones del toreo con la derecha de Manolo, despatarrao y
a pies juntos.
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Aunque Manolo Capetillo
no tuvo mucha suerte las veces que toreó de matador en la Plaza
México, que era –y sigue siendo aunque en menor medida–
la que te quita y te da, dejó huella. El 12 de Diciembre de 1991,
le cortó una oreja de peso a un manso y peligroso toro de Jesús
Cabrera en la Corrida Guadalupana. Aquella tarde en la que alternó
con Fermín Espinosa «Armillita» y Alfredo Ferriño,
Manolo se jugó el tipo sin miramientos logrando someter y extraerle
pases de mucho mérito al marrajo. A pesar de pinchar antes de recetar
un estoconazo, le fue concedida una oreja pedida con mucha fuerza.

Manolo,
corriendo la mano con mucho temple. |
Manuel Capetillo
Jr. se hizo pronto de un nombre en otras plazas de primer nivel como Guadalajara,
y tuvo muy buen ambiente en provincias donde cuajó tardes importantes.
Manolo fue un torero de una gran inteligencia, mucho valor y raza, a lo
largo de su carrera pechó con corridas muy serias y duras, pero
la faena que reveló el inmenso poderío de su toreo, fue
aquella que realizó en la plaza El Toreo de Cuatro Caminos, cuando
bordó a un impresionante y muy complicado toro de José Chafik.
Actualmente, Manuel, ya retirado de los toros, se dedica a servir a Dios,
dentro de su fe Católica, como Cristiano Misionero.
Guillermo Capetillo De
Flórez
Guillermo, el segundo hijo del maestro «Capeto», al igual
que su hermano Manuel nació y creció en un ambiente netamente
taurino, por lo que su inclusión en «La Cuadrilla de Niños
Toreros», que por cierto le permitió saborear la miel del
triunfo desde temprana edad, no sorprendió a nadie.
Incursionó en el escalafón novilleril con un éxito
inusitado, el día que se presentó en la Plaza México
causó un verdadero alboroto, a pesar de no cortar orejas y escuchar
dos avisos en cada uno de sus novillos, toreó con tanta clase y
calidad que fue sacado en hombros de la plaza.
Dos momentos de la primera vez que Guillermo se vistió de
luces, acompañado de su padre.
Fue tal el impacto que
generó su actuación, que el recordado don Javier Garfias
se interesó por el prometedor futuro del joven Capetillo y le ofreció
apoderarlo. Mató tan sólo 7 novilladas (4 en La México,
una en Guadalajara y 2 en Acapulco) antes de que Manolo Martínez,
en presencia de José María Manzanares, le concediera la
alternativa el 20 de noviembre de 1977 en la plaza de San Luis Potosí,
la misma que confirmó en La México el 9 de octubre de 1983.

Momento
en que Guillermo Capetillo recibe la alternativa de
manos de Manolo Martínez, con Manzanares de testigo. |

Recorte
torero |
Guillermo destacó,
principalmente, por su exquisito manejo de la capa, fue un artífice
del toreo a la verónica, instrumentaba los lances con temple, cadencia,
empaque, manos bajas, embarcando al toro en los vuelos del capote y corriendo
la mano hasta detrás de la cadera para vaciar la embestida hacia
adentro.
Toreo
a la verónica de alto calibre. |
La pureza en la ejecución
de las suertes, tanto con el percal como con la muleta, y sus cualidades
estéticas le permitieron situarse como primera figura del toreo,
en una época de dura competencia.
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Guillermo
toreando con clase, temple y suavidad. |
El 30 de enero de 1994,
Guillermo Capetillo escribió una página importante de la
historia del toreo, al cortarle las dos orejas y el rabo a «Gallero»
de Cerro Viejo en la Plaza más grande del mundo. Esa tarde Guillermo
estuvo cumbre, después de un jaleado saludo capotero, se sucedieron
las series de largos derechazos y naturales ejecutados al ralentí
que desataron la pasión en los tendidos.
Esta
brillante faena, considerada por la revista 6Toros6 como una de las 12
mejores del siglo pasado, le valió a Guillermo para verse anunciado
en Madrid con Curro Romero y Curro Vázquez, pero hubo cambios en
el cartel de la que debía ser la corrida de la confirmación
española de su alternativa, y finalmente no actuó en Las
Ventas, aunque alcanzó a torear en Barcelona y Pozoblanco.

Cartel
de la presentación de Guillermo en Barcelona |

Iniciando
la faena con un torero doblón ante la atenta
mirada de su entrañable amigo David Silveti. |
Guillermo, que pasó gran parte de su vida entre los ruedos y los
sets de televisión, sigue en activo, aunque toreando poco.
¿Por qué? Porque se lo merecen
Algunos se preguntarán
por qué un aficionado peruano decide rendirle un homenaje a la
familia Capetillo a través de un reportaje. La respuesta es muy
simple.
Conocimos a Guillermo Capetillo cuando se presentó en la limeña
Plaza de Toros "Sol y Sombra", a fines de los años 80.
En la publicidad que se hizo aquella vez se anunciaba al actor, a la estrella
de televisión que tenía cautivadas a las limeñas
de todas las edades, pero se habló muy poco de la trayectoria taurina
de Capetillo. Asistimos a la plaza con la idea de ver a un actor jugando
a ser torero, regalando sonrisas al tendido para cosechar aplausos, pero
desde que Guillermo se abrió de capa y lanceó a la verónica
al Apóstol Santiago que le tocó en suerte, despejó
nuestras dudas: en el ruedo había un Torero. Un torero de verdad,
clásico, fino, serio, que jugaba los brazos con lentitud y templaba
las embestidas del toro con naturalidad y aparente facilidad.
Guillermo toreando en las dos plazas más importantes de América,
al natural en la México y por derechazos en Acho.
Realizó una faena
basada en el toreo fundamental, el de siempre, sin concesiones a la galería
ni recurriendo al toreo efectista, premiada con dos orejas que le permitieron
abrir la puerta grande el día de su debut en el Perú.
Este año, después de casi dos décadas y gracias a
la gentileza de un gran taurino como don Ernesto Gutiérrez, pudimos
contactar a Guillermo Capetillo y conocer su lado humano. Su gentileza,
su amabilidad, su disposición inmediata para atender a un aficionado
desconocido para él, su empeño por servir a los demás
en estos tiempos en que tenemos más socios y clientes que amigos,
nos impresionó muy gratamente.
Además de brindarle este pequeño y sincero homenaje a la
familia Capetillo por lo que representa en la tauromaquia mexicana, la
calidad humana de Guillermo nos motivó a escribir estas líneas
y nos confirmó que las verdaderas figuras del toreo lo son dentro
y fuera de los ruedos. ¡SUERTE, ARTISTA!
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