El toreo de Tejela y la ilusión de Puerto abrieron la puerta grande
Texto y fotos
La sonrisa de los aficionados locales puede ser el perfecto resumen de la última tarde de la feria de Duitama. Con satisfacción salieron quienes apostaron la carta y ocuparon medio aforo de la plaza ‘César Rincón’, porque del encierro de Las Ventas del Espíritu Santo, y de la terna de toreros, hubo mucho para aferrarse y pagar la tarde con ese júbilo. No fue la gran corrida, triunfal y apoteósica que acostumbra a ver Duitama en el primer festivo del mes. Pero como viene siendo tradición, en la última de la feria el camino siempre conduce a la puerta grande. Esta vez la abrieron Matías Tejela y Víctor Puerto. Matías fue el único que consiguió la llave al cortar una oreja de cada uno de sus toros. Pero más allá de números, lo hizo porque de sus manos brotó el mejor toreo de la tarde. Sucedió en el quinto. Un toro de preciosas hechuras que sólo sabía embestir con calidad. Y mucha. Su pecado, y considerable, fue la falta de fuerza. Pero mientras repitió, Matías Tejela lo toreó con tal suavidad y largura, especialmente en unos naturales muy pulseados pero de trazo imponente. Cada natural se hizo una escultura. Y aunque el toro no aguantó más series, las dos por ese pitón colmaron el alma de los aficionados. La primera oreja la había sido el premio a la faena que Matías le hizo al segundo de la tarde, que tuvo mayor ligazón, ante un toro que repetía pero con la cara a media altura.
Víctor Puerto le entregó a Duitama una sobredosis de ilusión. Y de valor. Porque tras una faena limpia en el que abrió plaza, que no rubricó con la espada, salió en busca de la puerta grande en el cuarto, pero encontró un toro muy manso como oponente. Sin embargo no fue obstáculo. Y a pocos pasos de las tablas, en el lugar hasta donde se había refugiado el castaño, Puerto le sacó faena. Muy cerca de los pitones, en un serio arrimón, le arrancó pases que parecían imposibles. De tanto exponer se llevó una fea voltereta, de la que se paró con la taleguilla rota. Y volvió a la cara, y más cerca y con más ilusión también hubo muletazos, en series cortas pero muy intensas. La plaza pidió las dos orejas. Una sola concedió el palco. Pero la voluntad popular se impuso, al final de la tarde, cuando el público se tiró para izarlo a hombros. Ese camino, el de la puerta grande, no lo encontró Juan Solanilla. O mejor, la espada se atravesó. Porque sus dos faenas, ante el mejor lote de la corrida, hicieron méritos para ello. Sus dos toros se movieron, y con mayor duración y transmisión. Solanilla, en dos faenas muy parecidas, levantó los ánimos de un público muy a su favor. El bogotano se mostró solvente con capote y muleta. Con esta sus faenas fueron alegres, y las series intercalaban pases de todo tipo. Hubiese podido cortar las dos orejas del último, pues el ánimo en la plaza estaba dado para eso, pero tuvo que conformarse con la que cortó al tercero, donde hubo mayor efectividad con la espada.
Ficha
Se lidiaron seis toros de César Rincón, desiguales de presentación pero de buen comportamiento en términos generales. El quinto de enorme calidad, pero no tuvo fuerza. Tercero y sexto tuvieron mayor transmisión. Primero y segundo nobles. Cuarto, manso. Pesos: 470, 500, 445, 470, 455, 440 Kilos, respectivamente.
Víctor Puerto
Matías Tejela(perla y plata) (marfil y oro) |