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EL ADIÒS A FERNANDO MORENO
La
última corrida de la temporada de Bogotá significó
el final de la trayectoria del picador español Fernando Moreno,
torero que actuó a las órdenes de Matías Tejela.
En silencio, con humildad y grandeza, dijo adiós a una profesión,
que en su caso, fue un auténtico estilo de vida.
Por
Rodrigo Urrego Bautista
fotos
Diego Caballero
A pesar que su retiro oficial fue en la feria del Pilar de Zaragoza, el
pasado 27 de febrero Fernando Moreno vistió por última vez
el traje de luces en el ruedo de la plaza de toros de Santamaría.
Fueron 16 temporadas como picador, pero casi toda su vida dedicada al
toreo.
Fernando Moreno, nacido en Zaragoza, se aficionó a los toros desde
muy niño, y a los once años empezó a recorrer pueblos
y capeas con la ilusión de hacerse matador. De novillero guarda
el recuerdo de haber pisado ruedos como el de Zaragoza o el de Madrid,
y haber sido apoderado por Pepe Gracia, sin imaginar que, años
después, Raúl Gracia “El Tato”, el hijo de Pepe,
sería su jefe de filas.
Sin suerte como novillero, Moreno abandonó sus sueños debido
a una lesión de ligamentos en el brazo derecho, pero su afición
lo llevó a pasar a las filas de los subalternos años después.
Debutó vestido de plata cuando tenía 25 años, y como
banderillero estuvo a las filas de los principales toreros de la zona
de Aragón, hasta colocarse con Raúl Zorita. Actuando para
él, el infortunio de las lesiones volvió a tropezar su camino.
Una lesión de ligamento cruzado en una de sus rodillas amenazó
con retirarlo, pero el único camino para seguir en la profesión
era sobre una montura de picar.
Si quería seguir en el toro –dice Fernando
Moreno- no me quedaba más opción que echarme a caballo
y probar, pues de a pie ya no podía. Llevaba un año recuperándome
y Raúl Zorita, que tenía en su finca 40 toros para preparase
en el invierno, me dijo que me probara de picador. Y como siempre había
montado a caballo pues empecé a picar toros a puerta cerrada y
muchas vacas en tentaderos. Total, en mes y medio me puse y debuté
como picador en Madrid; una osadía pero salió la más
perfecta.

Fernando
moreno picando a "Agaton" el toro del adios.
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Con algunas corridas como picador, su debut en Madrid fue el 28 de abril
de 1991. Raúl Zorita confirmó su alternativa con dos modestos
toreros en aquel entonces: César Rincón y Enrique Ponce.
Moreno recuerda haber visto antes a Rincón en Tarragona y Barbastro,
y recuerda la raza de un joven colombiano que daba mucho de que hablar.
Yo le vi esas tres tardes y dije que en cualquier momento va a
dar un zambombazo de figurón del toreo, porque además de
hacer el toreo, venía con mucha raza, y eso lo hablábamos
todos los profesionales. Luego vino lo de Madrid... - recuerda
Moreno.
Además de Raúl Zorita, Moreno estuvo a las órdenes
de Ricardo Agüín “El Molinero” y luego Raúl
Gracia “El Tato”, matador al que acompañó desde
su alternativa y durante cuatro años. Una temporada antes de su
gran triunfo en Sevilla, Tato empezó a ser apoderado por Diego
Robles y la cuadrilla cambió. Aunque Moreno no pudo saborear esos
triunfos como parte de la cuadrilla, los recibió como propios,
ya que manifiesta -Al Tato yo le he visto nacer prácticamente
y tenemos una gran amistad. Aquella corrida de Sánchez Ybargüen
del 96 en la Maestranza, y luego la del siguiente año con el toro
Veraniego de Victorino a mí me emocionaron muchísimo viéndole.
En 1998, Fernando entró en las filas de un novillero colombiano
que hacía campaña en España, Paquito Perlaza. En
1998 –recuerda el picador- me llamaron
para ir con Perlaza en Arganda del Rey. Me dijo que tenía 18 novilladas
firmadas y me propuso seguir con él. Toreé con él
de novillero dos años, llegué con él hasta la alternativa
en Calanda y seguí con Paquito de matador. Estuve a sus órdenes
en Madrid cuando confirmó alternativa, teníamos la primera
corrida de San Isidro pero en la confirmación vino la cornada y
no pudimos ir a San Isidro. Luego regresó a Colombia y no ha hecho
temporada en España.
Luego debutó con picadores Matías Tejela y desde entonces
estuvo con el torero de Alcalá de Henares hasta ahora, cuando su
carrera ha llegado al final, debido a que el convenio con la seguridad
social le obligó a abandonar su profesión a los 55 años
pero en el ciento por ciento de sus facultades. Gracias a Tejela pudo
despedirse de la mejor manera, actuando en el grupo especial y haciendo
el paseíllo en las principales ferias del mundo. Imaginese
cuantas experiencias pude aprender – dice
Matías Tejela- Fernando ha recorrido medio mundo como maletilla,
torero, banderillero, mozo de espadas, ahora como picador, y es una persona
de la que se puede aprender muchas cosas, cosas que le agradezco haberlas
aprendido, pues más que mi picador, Fernando es un gran amigo.
Aunque su retiro oficial fue el 11 de octubre en Zaragoza, tarde en la
que su matador le brindó la muerte de un toro, su última
actuación fue la del pasado domingo en Bogotá, día
de muchas sensaciones y emociones que se vivieron al interior de la cuadrilla,
casi en el anonimato, como ha sido su leal trayectoria de más de
40 años en el mundo de los toros. Esto lo sabiamos nada
más que mi matador y mis compañeros de cuadrilla. Matías
quería brindarme el segundo toro, como hizo en Zaragoza, pero yo
le dije que si hubiese valido el toro pues sí. Pero me han deseado
lo mejor porque me conocen mucho ya que son seis temporadas que llevo
con él; conoce mi casa, mi finca, la placita de toros que tengo
allí, y con Matías y toda su familia es un cariño
muy especial, pues hemos vivido momentos buenos y momentos malos, ya que
cuando se convive tanto tiempo, he tenido la oportunidad de haberlo visto
crecer y hacerse hombre. -Continúa diciendo- Hace
unos años yo no podía imaginar este final que he tenido,
con la gloria del grupo especial y junto a una figura del toreo. A lo
mejor lo hubiese dudado, pero me doy cuenta que es verdad.
El toro “Agatón” de Agualuna, número 512, con
539 kilos de peso pasará a la historia de Fernando Moreno como
el último que picó en su vida. La afición de Bogotá,
ahora, se convierte en testigo de excepción. El picador español
resume así las sensaciones indescriptibles que tuvo cuando regresó
al hotel: Cuando vinimos de la corrida y me quite la calzona,
la chaquetilla, y cuando guardaba por última vez mi castoreño
y mis varas, pues muchas cosas se vienen a la cabeza, muchos recuerdos,
pero siempre te acuerdas de las tardes bonitas. Y luego pues me abracé
con Luis Rodríguez y hemos llorado juntos, aunque las lágrimas
fueron de emoción y satisfacción.
Para la historia personal, y de quienes tuvieron el gusto de conocerlo,
quedarán tardes de triunfo y sobre todo enseñanzas de un
hombre que desde maletilla hasta picador ha entregado su vida a la fiesta.
Trofeos como los cosechados en Pamplona y Zaragoza el pasado año,
o imágenes anecdóticas como aquella de San Sebastián
en que un toro empujo al caballo por detrás y Fernando tuvo que
parar las rebrincadas galopadas del equino contra la misma barrera de
la plaza de Illumbe. Ahora se dedicará a sus negocios de hostelería,
pero su afición lo obligarán a continuar apoyando a sus
compañeros, y alimentando las ilusiones de chicos que sueñan
ser figuras del toreo en la placita de su finca, muy cerca de Zaragoza.
Enhorabuena Fernando.
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