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Arraigada
la fiesta brava en Colombia gracias a la fundación de ganaderías
de casta, y a la construcción de monumentales escenarios taurinos,
nuestro país necesitaba la presencia de una figura propia para
consolidar su tauromaquia.
Antecedida por la presencia de Joselillo, el primer gran embajador colombiano de la fiesta, la figura de José Eslava Cáceres surgió en la década del 50. Oriundo de la ciudad de Honda (Tolima), Pepe Cáceres se radicó en Manizales desde muy joven tras quedar huérfano de padre. De la mano del picador de toros Melanio Murillo incursionó en el mundo de los toros; logró presentarse en plazas de la categoría de Bogotá y Manizales, no sin antes haber recorrido muchas provincias donde el ganado criollo era el que se lidiaba con mayor frecuencia. De aquella época quedan los recuerdos de aquel joven que se anunciaba en los carteles como Joselito Eslava. En Colombia adquirió el oficio justo que se convirtió en el pasaporte indispensable para presentarse como novillero en España. Fue recomendado al taurino y apoderado Andrés Gago que le permitió a Cáceres verse anunciado en 14 tardes durante su primera temporada, la de 1955. Su debut en plazas ibéricas fue el 10 de abril en Málaga, donde fue herido de gravedad por uno de sus oponentes, perteneciente al hierro de José de la Cova. Cáceres consigue duplicar el número de contratos para la temporada del 56, año en que se presenta como novillero en la Maestranza de Sevilla y en la monumental de Las Ventas de Madrid. En la capital de Andalucía cortó una oreja el día de su presentación y otra más el de su repetición. Luego de 28 novilladas en dos temporadas en España, Pepe Cáceres tomó la alternativa en la Maestranza de Sevilla el 30 de septiembre del 56. En plena feria de San Miguel, Antonio Bienvenida, en presencia de José María Martorell, le cedió la muerte del toro “Secretario” de Joaquín Buendía. Meses después, Cáceres debutó como matador de toros en Colombia el 20 de enero de 1957 en la plaza de Manizales, la cual sería la primera de las 19 ferias de las que siempre fue cabeza de cartel en el coso caldense. En la del 58, Pepe Cáceres consiguió su primera “Catedral de Manizales”, que conquistó hasta por cuatro veces en su carrera. Las siguientes fueron en 1959, 1962 y 1968. Regresó a España en el 58 para confirmar su alternativa en Las Ventas el día 1 de mayo, haciendo el paseíllo junto a Rafael Ortega y Antonio Chenel “Antoñete”. El toro de la ceremonia se llamó “saltador”, al que el colombiano le cuajó una gran faena que, sin embargo, malogró con la espada. Dio dos vueltas al ruedo. Los dos últimos años de aquella década del 50 significaron para Pepe sus mejores temporadas españolas, pues en cada una de ellas hizo 21 paseíllos y la mayoría en plazas de categoría. En 1962 logró cortar la primera oreja que un colombiano lograse en Las Ventas, fue el 29 de abril, la cual, a la postre, fue la única que paseó Cáceres por el exigente ruedo madrileño. Tras la temporada del 63, Pepe basó su carrera en ruedos americanos donde consolidó su figura y alcanzó a convertirse en el torero más importante del nuevo mundo. Su último paseíllo en Las Ventas fue el 12 de octubre de 1981 en la corrida de la Hispanidad, 19 años antes, había hecho su único paseíllo en la feria de San Isidro, el 15 de mayo de 1962, tarde en la que alternó junto a Julio Aparicio y Manolo Vázquez, sustituyendo a Antonio Ordóñez. Desde su alternativa, Cáceres paseó su arte y profesionalismo durante 31 años ininterrumpidos por ruedos europeos y americanos. En América fue considerado primera figura del toreo y fue catalogado como el mejor interprete del toreo con el capote del continente. Se caracterizó por su temperamento fuerte y recio, condiciones que convirtió en cualidades de su personalidad y que fueron fundamentales para mantenerlo en activo durante tres décadas. Colonizó la geografía colombiana pues fue de los pioneros de la provincia. Organizó corridas en sitios que jamás habían tenido fiesta brava y que hoy se han consolidado en el calendario taurino colombiano. Inauguró 7 plazas de toros, incluida la Monumental de Iñaquito en la capital del Ecuador. Abrió el camino para que toreros posteriores pudieran hacer campañas en España y reivindicó la categoría y calidad de los toreros nacionales en el exterior. Consolidó un cupo por corrida para los toreros nacionales y alternó en Colombia con las máximas figuras del toreo, quienes le profesaban un profundo respeto. Amó tanto su profesión a la que le entregó su vida misma. En 20 oportunidades derramó sangre debido a su entrega y su amor propio que le impedía dejarse ganar la pelea de cualquiera de sus alternantes. Su penúltimo percance fue el 9 de enero de 1987 en Manizales, cuando un toro de Ernesto Gutiérrez le infirió una grave cornada en el muslo derecho. Teñido de sangre hasta los tobillos caminó hasta la enfermería no sin antes haber lidiado su último toro en la plaza caldense. Testigos de su gesto fueron Ortega Cano y José Miguel Arroyo “Joselito”, que esa tarde debutaba en Manizales. La vida de Pepe Cáceres fue segada por el toro Monín de la ganadería San Esteban de Ovejas el 20 de julio de 1987 en Sogamoso. Entrando a matar, suerte que no fue su especialidad, fue cogido contra las tablas de donde salió con uno de sus pulmones perforados por el pitón. Tras los graves destrozos, Cáceres murió el 16 de agosto en la Clínica Santafé de la capital colombiana. Pepe fue el verdadero precursor de la tauromaquia colombiana.
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