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HACE 60 AÑOS:
EL MONSTRUO DE CÓRDOBA PASÓ POR LA SANTAMARÍA
En
abril de 1946, Manuel Rodríguez “Manolete” se presentó
en la plaza de toros de Santamaría ante una expectación
sin antecedentes. Fue la única temporada en plazas colombianas
del torero cordobés que también pisó el ruedo de
La Macarena de Medellín. Su imagen quedó grabada en el recuerdo
de quienes tuvieron la oportunidad de verlo y en las fotos de Manuel H,
que se hizo mundialmente conocido por los instantes que logró capturar
del torero más importante de los días posteriores a la guerra
civil española. Efemérides.
REDACCIÓN
PUERTA GRANDE
Fotos:
Manuel H
Hace
60 años, Colombia recibió la visita del “Monstruo
de Córdoba”. Manolete, en la cima del toreo había
decidido cruzar el Atlántico y conmocionar los ruedos más
importantes de la América taurina e inició una espléndida
temporada en el nuevo mundo en la Plaza de Toros “El Toreo”
de México. Ante una expectación sin antecedentes, el cuarto
califa cordobés rindió al público azteca, llenó
los tendidos de las plazas y precipitó la clausura de las construcciones
y la inauguración de la Monumental de México, la más
grande del mundo.
Por primera vez un torero reunía en un coso taurino a más
de cincuenta mil personas y lo hizo en repetidas ocasiones; incluso, alteró
la cotidianidad del pueblo mexicano que entre semana interrumpían
sus actividades para ocupar una localidad en el coso de insurgentes.
Las noticias que llegaban de México sacudieron el ambiente taurino
en Sur América, pues la afición de Colombia y Perú
especialmente, ante la cercanía del torero más importante
de la post guerra española, clamaban a gritos y rezaban por que
su aureola de figura se presentará en sus respectivos ruedos.
Los
empresarios de entonces no escatimaron esfuerzos ante la posibilidad de
tener a un torero histórico.
Por eso, las principales conversaciones en Bogotá, a comienzos
de 1946, conducían a la figura dramática de Manuel Rodríguez
“Manolete”. En ese entonces, el municipio, dueño de
la Santamaría, firmó un contrato con el empresario Enrique
Cebrián, quien había prometido traer al torero cordobés
y afirmaba tener letras firmadas con su apoderado José Flores Camará.
La presentación del torero fue toda una incertidumbre, ya que a
medida que se aproximaban los días para el comienzo de temporada,
las fechas pactadas parecían no cumplirse debido a que los diarios
registraban cada uno de los pasos de Manolete en México, lo que
hacía vaticinar que el español no vendría. La afición
guardaba esperanzas. Manolete sufrió una cornada en la Monumental
de México por lo que Cebrián solicitó una prorroga
en su contrato con el municipio.
Simultáneamente, en los teatros Lux, Alameda y Atenas, al centro
de la capital colombiana, se proyectaba un cortometraje sobre las actuaciones
de Manolete en la plaza de El Toreo de México en un noticiero llamado
“Como México no hay dos”. Mientras se solucionaba el
caso Manolete, la Santamaría se veía obligada a albergar
espectáculos de la cuadrilla de toreros bufos “Los Alegres”
y la intervención de novilleros como el venezolano Diamante Negro
y el colombiano Efraín Barrera que lidiaban erales media casta.
Los
medios de comunicación habían anunciado que Manolete debía
actuar en febrero en Bogotá, pero como el segundo mes ya había
iniciado, un empresario anónimo tomo la iniciativa de contactar
a Camará y le realizó el siguiente ofrecimiento:
“Manolete se comprometería a torear una corrida el 3 de marzo
lidiando dos toros de casta de la ganadería de Vistahermosa. El
empresario le pagaría la módica suma de 30 mil dólares
(60 mil pesos) y el 33% de las utilidades. La empresa le pondrá
avión expreso desde México a Bogotá, para que una
vez cumplido su compromiso pudiera seguir hacia Lima donde debe torear
el segundo domingo de marzo”.
La casi desesperada propuesta salió publicada en los principales
diarios de la capital: El Tiempo y El Espectador, aunque nunca se hizo
mención de la identidad de aquel empresario. Tanto Manolete como
su representante jamás respondieron al ofrecimiento.
A Cebrián le fueron despojados los poderes de organizar la temporada,
por lo que salió la mano salvadora del taurino mexicano Andrés
Gago (años más tarde apoderado de Pepe Cáceres en
sus comienzos). Gago, representante de Carlos Arruza, ofreció llevar
a Bogotá a su representado y a Manolete pero que, sin hacerse cargo
de la organización y demás tareas, se llevaría junto
con Camará el total del producido de las taquillas. Cosa que poca
gracia le pareció al municipio capitalino.
Finalmente, la temporada la organizó Antonio Reyes “Nacional”
que anunció la primera corrida de la prensa el 24 de marzo sin
la presencia de Manolte. Actuaron Luis Castro “El Soldado”
y Manolo Escudero en una corrida que resultó triunfal.

Manolete
y Aruza
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Consiguió
El Nacional contratar a Manolete y Arruza, así que el torero español
llegó a la capital el 5 de abril. A su llegada, en un cuarto del
hotel Granda, le otorgó las siguientes declaraciones al legendario
cronista Jorge Forero Vélez “ Roseta”:
Como todas las tardes saldré a triunfar en la plaza bogotana. Mis
deseos no son otros que dejar mi toreo en todo lo que tiene de grande
y de nuevo, para que la afición de esta gran ciudad no se sienta
defraudada. Tenga seguro mi triunfo. Y ojalá que los toros me salgan
bravos y me embistan, ya que mi voluntad es la mejor”, fueron las
primeras palabras del Montruo a su llegada al país.
Manolete
debutó en la Santamaría el domingo 7 de abril de 1946 ante
toros de Mondoñedo, y alternando en la lidia y muerte con el mexicano
Jesús Solórzano y el peruano Alejandro Montanini.
A
la presentación de Manolete pocos quisieron perderse la posibilidad
de tener cabida en los tres tendidos que entonces había en la Santamaría
(Sombra, Sol y Sombra y Sol). Varios días antes, una boleta era
una de los tesoros terrenales más deseados en Bogotá y en
el país, pues hubo demanda de ciudades como Cartagena y Cali. Y
el presidente de la República, Alberto Lleras Camargo ocupó
una de las barreras de la plaza.
Manolete triunfó en su primera actuación. Al primero de
su lote le tuvo que plantear cara muy cerca de los pitones, pues el de
Mondoñedo era remiso a embestir. Según el cronista Ciro
F Retana, “el público tuvo que contener la respiración”.
Ante su segundo realizó la mejor de sus faenas en la capital, la
cual fue vivida con intensidad por el público que la vio de pies.
Series por naturales y derechazos mirando al tendido. Colofón con
manoletinas y gran estocada. Lluvia de pañuelos en los tendidos
y máximos trofeos concede la presidencia.
Siete días después, el 14 de abril, repitió actuación
aunque no triunfo. En ese entonces se lidiaron toros de Clara Sierra que
poco colaboraron, y junto a Manolete actuaron Carlos Arruza y Gitanillo
de Triana.
Manolete viajó a Medellín y actuó el 21 de abril
en el reuedo de la antigua plaza de la Macarena.
Finalizó su gira colombiana y se despidió del público
de la Santamaría el 28 de abril, en un mano a mano que sostuvo
con uno de sus principales rivales en los ruedos, el mexicano Carlos Arruza.
La corrida, con toros de Mondoñedo, tampoco resultó triunfal.
HISTORIA DE UNA FOTO
Precisamente,
en la tercera y última de las actuaciones de Manolete en Bogotá,
su rostro quedó inmortalizado en las fotos que logró capturar
su homónimo colombiano Manuel Rodríguez Hernández,
conocido como ManuelH.
En el mano a mano con Carlos Arruza, Manolete fue abandonado por la suerte
y sius toros de Mondoñedo no le permitieron despedirse de forma
tan triunfal como esperaban los 14 mil bogotanos que abarrotaron los tendidos
de la primera plaza del país.
Según
cuenta el veterano fotógrafo, Manolete, tras la muerte de uno de
sus toros, se fue al callejón y allí, sobre las tablas de
la barrera, dejó caer recostado su brazo derecho. Manolete, se
veía destrozado. Sobre su frente se dejaba caer un mechón
de pelo desordenado y su mirada se perdía en un horizonte imperceptible.
Su rostro reflejaba tanto dramatismo que causaba estupor. Un año
después, cuando Manolete murió corneado en Linares por el
toro Islero de Miura, la foto adquirió un aroma premonitorio y
la firma de Manuel H le dio la vuelta al mundo.
La
foto tan mundialmente reconocida, es tan particular como la que registra
un momento de Manolete que, en los medios de la plaza, aparece con la
montera en una de sus manos y el capote de brega descolgado sobre la otra.
ManuelH confiesa que todos los que tienen la oportunidad de ver la foto
le preguntan que si fue el final de una vuelta al ruedo, por su aspecto
triunfal. Sin embargo, el fotógrafo manifiesta que Manolete terminaba
de hacer un quite, se destocó de la montera para pedir el cambio
de tercio, y con ella en la mano cambiaba a las tablas para sorber un
buchito de agua y cambiar los trastos para protagonizar la faena de muleta.
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