La intimidad del día de la alternativa MANOTAS, SUEÑO CUMPLIDO
César Manotas, de 22 años, tomó la alternativa en la feria de Cali. Así se vivió la primera tarde del torero de Cartagena, quien pasará a la historia por ser el primer cartagenero en tomar la alternativa en la plaza de toros de Cañaveralejo
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Detrás de la puerta de la habitación 609 del hotel Radisson predominaba el silencio. La televisión, prendida, no se escuchaba. O por lo menos era indiferente para quienes estaban allí. Lo que se oía con más fuerza era la respiración de César Manotas. Una respiración profunda e intensa. Nerviosismo y ansiedad. Faltaban pocos minutos para que el joven cartagenero viera hecho realidad el principal sueño de su vida: convertirse en matador de toros. Un sueño que decidió buscar hace ocho años, cuando con catorce años, tomó la decisión más trascendental de su vida. Dejó su casa y su familia en el barrio San Diego de Cartagena, y con una pequeña en la que apenas cabían sus ilusiones, cogió un bus que lo llevaría a Cali, a la escuela taurina de esa ciudad. Y fue precisamente Cali, y su importante feria taurina, la que lo hizo torero. El reloj pasaba con prisa, y César, acompañado de su padre Augusto, su hermano Andrés, su apoderado Juan Polo y dos de sus amigos más entrañables, los matadores José Arcila y Andrés de los Ríos, se ponía la ‘piel de torero’. Esa piel ‘grana y oro’, hecha a la medida y para la ocasión. Su mozo de espadas le amarró con fuerza los ‘machos’ de la taleguilla, y su hermano y su padre fueron los encargados de ponerle la chaquetilla, antes de fundirse en un abrazo.
Augusto, el padre, le recordaba a su hijo el momento en que se abrazaron cuando decidió marcharse a Cali. El abrazo de ese 31 de diciembre era el de la satisfacción por la primera meta conseguida. César Manotas es el primer torero cartagenero en tomar la alternativa en la feria de Cali. Una alternativa que esperaba traducir en su primer triunfo, como matador de toros, pero no contaba con que los toros de Salento lo impedirían. ‘Majestad’, así se llamó el primer toro de su vida. Se lo cedió Paco Perlaza quien, en presencia del español Daniel Luque, le dijo: “César, uno siempre sueña que la alternativa se la de una figura del toreo. Yo no lo soy, pero quiero serlo...”. Esas palabras las recuerda con dificultad César. Pues quizás las oyó, pero los nervios propios de la tarde le impidieron escucharlas. El toro no regaló una sola embestida. Se fue a tablas, muy cerca de donde estaba su madre a quien le brindó el primer toro. Quizás ‘Majestad’, con su manso comportamiento, le envió el mensaje más contundente de la tarde. Que el toreo no hay nada regalado y nada es fácil. Así lo asumió César. El que cerró la tarde alimento la ilusión de un triunfo. Especialmente cuando César se fue a los medios y lo toreó de rodillas. La plaza se emocionó. Pero el toro redujo el recorrido de sus embestidas. César imploraba una embestida franca. Pero tuvo que pelearse con el toro antes de matarlo en todo lo alto. Hubo petición de oreja. La presidencia no la atendió. Y sin orejas, pero en medio de una gran ovación, César se marchó caminando, pero con la cabeza en alto. Manotas es nuevo matador de toros. |