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Vistahermosa volvió a poner un ladrillo en el muro de la bravura. No fue una corrida completa, pues los seis toros tuvieron juego desigual. Pero el bravo cuarto, y los muy interesantes tercero y sexto hicieron que la tarde brillara de la mano de las buenas virtudes del encaste Santacoloma. La corrida deambuló entre dos orillas. Lo que fue y lo que pudo ser. Porque hubo tantos matices, no sólo en lo que se desarrolló de principio a fin en el ruedo, sino en un particular e inédito capítulo que no tuvo el final que anticipaban las previsiones. El segundo de la tarde pudo ser uno de los mejores capítulos de la temporada. Un precioso berrendo en cárdeno, de hechuras armónicas e ilusionantes, fue devuelto a los corrales porque perdió las manos como si fuera un inválido. La calidad de sus embestidas no fueron suficientes para mantenerse en pie, y Matías Tejela, con resignación, vio como se esfumaba la esperanza. Sin embargo, por un error de los torileros, ese toro volvió a visitar el ruedo, esta vez tras el anuncio del quinto toro. La gente se percató de inmediato, y mientras había confusión, Tejela se abrió de capa en un emocionante saludo. Allí el toro embistió sin defectos y demostró que lo suyo era perseguir con calidad.
Pero como ya había sido rechazado, la puerta de toriles volvió a abrirse para que esas ilusionantes condiciones se refugiaran en el silencio de un oscuro chiquero. Lo que pudo ser… Para hablar de lo que sí se completó en el ruedo habría que empezar por el lote de Santiago Naranjo, el mejor de la corrida. Su primero tuvo muy buena condición, aunque no duró lo suficiente. Naranjo le cuajó una gran serie con la diestra, templada y firme. Fue lo mejor de una faena con altibajos. El sexto, bravo y enrazado, ofrecía complicaciones, propias de la casta, y el torero, con voluntad, variedad y actitud como argumentos, peleó para no quedar por debajo del animal. Y esas condiciones de su faena le sirvieron para cortar una oreja, tras un espadazo que fue el digno colofón de su actuación. El cuarto fue el que más emoción desarrolló. Su bravura y codicia le permitió al rejoneador Andrés Chica firmar una faena también emotiva en la que hubo pasajes de buen toreo, especialmente cuando salía y remataba las suertes. Pudo haber trofeo, pero el efecto del rejón de muerte fue demasiado lento. El que abrió plaza fue la antítesis. Con poca codicia y fijeza, circunstancia que hizo que el rejoneador no se sintiera cómodo, aunque piso terrenos comprometidos. Sin embargo su faena no fue redonda. Matías Tejela, con el sobrero que hizo segundo bis, también se sintió incómodo al comienzo de su faena. Pero cuando cogió la muleta con la yema de los dedos de su importante mano izquierda hubo detalles, esos sí, muy contados, del toreo de categoría que sabe interpretar. Todo duro un suspiro, el de dos naturales, y el público no se conformó. Hubo opiniones divididas. El quinto no terminó de embestir como lo apuntaban sus esperanzadoras hechuras. Todo lo contrario, se quedaba corto cuando se movía, porque la mayor parte del tiempo estuvo muy agarrado del piso. Falto raza en este capítulo. Y un sector del público, que ya se había metido al torero entre ceja y ceja, reaccionó en tono de revancha. Ficha Medellín, Plaza de toros La Macarena Se lidiaron seis toros de Vistahermosa. Desiguales de presentación y comportamiento. Bravos cuarto y sexto. Segundo y tercero tuvieron buenos momentos pero se apagaron pronto. Primero y quinto, descastados. Se lidió un segundo bis, tras ser devuelto el original por flojo. Pesos: 475, 495, 460, 500, 505 y 450 kgrs
Andrés Chica (rejoneador): Saludo desde el tercio y vuelta al ruedo Matías Tejela (palo de rosa y oro): silencio y silencio Santiago Naranjo (azul rey y oro): Silencio tras aviso y oreja
Saludaron Jaime Mejía, El Piña y Chiricuto por buenos pares de banderillas |