EL NUEVO CID DE LOS RUEDOS
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Manuel Jesús El Cid no olvidará esta temporada colombiana. Había sido contratado sólo para dos tardes en Manizales y Medellín. Y por la vía de la sustitución terminó haciendo todas las ferias colombianas, y de pasó saliendo a hombros, y con rotundidad, en casi todas sus tardes. Este 19 de febrero, Medellín comprobó la rotundidad del sevillano. Cuatro orejas y un rabo, simbólico por indultar al quinto, fue el balance numérico. Pero detrás de la estadística se esconde el sitio de un torero en la miel de su carrera.
Ese mismo sitio que hoy lo pone allá arriba, encumbrado hasta romper el techo, para erigirse como un nombre y un hombre para contar en el escalafón de los privilegiados, donde caben tan pocos y a donde tantos quisieran llegar.
El Cid cuajó en Medellín series de categoría. Convenció a un buen pitón izquierdo del primero de sus toros, y fue con ese mismo sitio que sedujo a ese extraordinario 'Talabartero', quinto de la corrida, al que le dio el pasaporte no solo de la vida sino de la inmortalidad, porque hay que tallar en mármol ese momento para que perdure en las anales de La Macarena.
Ahí, siempre firme, sin rectificar, no porque no lo quiera sino porque no lo necesita, Manuel le dio una vuelta total en ese turno a la faena, a partir de ponerse la muleta en la mano derecha, tras brindarle el toro a John Jairo Gómez en su última tarde como torero de plata. Puso el trapo adelante y comenzó a bordar en relieve. De hecho, cada muletazo tuvo su propio sello, pero, a su vez, el conjunto fue uniforme, en profundidad y en emoción.
Hubo muletazos largos para enseñar las bondades del ejemplar.El animal se empleó como si supiera lo que le esperaba al final del camino. Pero luego, todo se hizo tan armonioso, que la belleza se apoderó del ruedo para poner a los tendidos en pie, mientras, como ajeno a lo que sucedía a su alrededor, el torero disfrutaba y el toro no cejaba en su empeño de ganarse el perdón.
La corrida de Ernesto Gutiérrez Arango dejó algo más, por ejemplo el sexto, un toro que tuvo codicia y que se movió a la par de la voluntad y de la muleta de Luis Bolívar, para permitirle al torero nacional tocar en la puerta grande, aunque solo encontró al final la recompensa de una oreja, mientras el animal se colgaba la medalla de una vuelta al ruedo. Una faena que pudo terminar más arriba para Bolívar, de no ser por la larga muerte de bravo del toro.
A Víctor Puerto le salió la otra cara. El primero, alto y muy distinto a los demás, al menos en presentación, no se encontró a gusto y anduvo errante, mientras Víctor trataba de atajarlo, sin éxito. El cuarto fue el manso del encierro, siempre en procura de los adentros. Ninguna fórmula funcionó, ni la de darle los terrenos, menos la de algunas expresiones populistas. Hubo petición y todo terminó en cariñoso saludo.
FICHA DEL FESTEJO. Se lidiaron seis toros de Ernesto Gutiérrez Arango. Bien presentados. Bravo y de extraordinaria calidad el quinto, de nombre Talabartero, número 94, de 472 kilos, indultado. Al sexto, codicioso, le dieron la vuelta al ruedo. De gran pitón izquierdo el segundo. El tercero de apagó pronto. El primero suelto y distraído. El cuarto, manso.
Víctor Puerto:Silencio y saludo, tras petición
Manuel Jesús El Cid: Dos orejas y dos orejas y rabo simbólicos
Luis Bolívar: Palmas y oreja
Detalles:
Media plaza. Dijo adiós el banderillero nacional John Jairo Gómez, de la saga de los Dinastía. Bien El Boni en la brega y en las banderillas.
