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“LA MUERTE NO TIENE LA CULPA”

 

Esto ha “devolucionado” en la concepción del toreo, donde en España y América taurina es mal visto que a un profesional se le diga “Matador”.

Barcelona, 10 de Febrero de 2006Ilustracion Pedro Soler

 

Acabo de terminar el libro del ganadero Santiago Araúz de Robles “Sociología del Toreo”. Francamente lo encontraba un poco aburrido además de complicado e inclinado hacia un lado muy fuerte de discriminación y menosprecio con tendencias claramente políticas y machistas, que seguramente hoy no podría reeditarse. Hasta que llegué al capítulo llamado “La España Diferente”. La verdad pensé ojearlo hasta que me di cuenta de que era de un tema que había tocado en esta misma columna como es “la muerte”, por un debate el año pasado en las conferencias de la Federación de Entidades Taurinas de Cataluña. Gracias al ganadero voy a retomar este tema y ojala en próximas columnas pueda profundizarlo un poco mas.

Quiero dejar claro que no busco muertes de nadie ni mucho menos pienso en la mía. Muy por el contrario comparto el pensamiento del ganadero cuando dice, que es un error temer el fin, cada día es una preparación hacia ella. Sin miedos, y mucho menos resentimientos. Y es que la corrida de toros es la representación auténtica de la vida misma. Orson Welles decía que el torero era un actor al que le pasan cosas reales. Y es que desde la connotación del toro como ser negro y oscuro que sale de un túnel y la gallardía vestida de luces como símbolo de aparente debilidad, y como desarrolla en este caso la lidia hasta vencer a la misma muerte.

Sabemos que el toro ha simbolizado la fuerza, la oscuridad y la masculinidad, todo lo contrario del caballo o del mismo torero. Séneca, el primer filósofo español, le da la importancia a la muerte en su obra cuando dice: “el último de nuestro días nos hace llegar a la muerte pero todos los anteriores nos han aproximado”. Sin duda con esto no quiere quitarle mérito a la vida ni mucho menos pero si le da un objetivo a la misma vida sin temer el desenlace. El hombre hispano, incluyo al peninsular y al americano descendiente material y cultural del peninsular, siempre ha tenido inclinación por el juego de la vida y mucho mas por buscar el por que dentro del mismo juego. El reconocimiento y la admiración popular, hace que comunidades enteras se vean reflejadas y representadas en su héroe como símbolo, es decir que el pueblo quisiera ser como el maestro, sin enfrentarse al toro, y el maestro pertenece al pueblo, claro esta sin aparecer mas que en la plaza. Esto ha “devolucionado” en la concepción del toreo, donde en España y América taurina es mal visto que a un profesional se le diga “Matador”. Así, ellos mismos procuran cambiar la palabra por simplemente “torero”, esperando un significado diferente al que para algunos sea similar al de carnicero.

Es por esto, que la palabra que ronda los alrededores de las plazas de toros y que representa la oscuridad, ya no lleva gente a la plaza como en otras épocas.Esta semana leía unas declaraciones de Enrique Ponce en que afirmaba “los toreros nos arrimamos más que antes y los toros son más peligrosos que antes, lo que pasa, es que la medicina cada vez es mejor”. Comparto totalmente este comentario, al que añadiría que la técnica es mayor. Desafortunadamente la palabra “muerte” se aleja un poco cada día de la fiesta. Es decir, la medicina salva cada vez mas vidas y la muerte del toro en la plaza con el tiempo tiene menos partidarios. Será que por primera vez que los taurinos sin saberlo deseamos amorosamente a la muerte? Claro, sin decir que deseamos la muerte.Definitivamente la palabra no tiene la culpa, como tampoco la medicina, ni el toro y diría que ni los anti-taurinos.

Como antes lo dije, no queremos el trágico fin, pero si la emoción que es tenerlo cerca. La culpa la tenemos los aficionados, donde incluyo a los del tendido, a los toreros y a los ganaderos, donde los toros ahora son criados a su imagen y semejanza. Todas las noches y por que no veo televisión durante el día, me encuentro con toreros faltos de afición, retirados y en activo, vendiendo la vida como si fuera una novela. Sin temor a equivocarme en un 99% no son temas taurinos sino familiares y del corazón. Seguramente que esto tiene una razón de fondo económica pero la fiesta tampoco tiene la culpa. Además veo casos en que el torero demanda a la prensa por seguirlo, pero también a la prensa respondiendo que no la llamen cuando la necesitan. Así se convierte en un círculo en que solo pierde el toreo. Claro, pero caminos para la fama hay mejores y mejor remunerados como el fútbol, y así lo entienden los que aspiran hoy a tener reconocimiento popular.Será que la “muerte” y la “afición”, que antes eran la una para la otra, ahora llegarán a vender la noticia de su ruptura?