BUENOS RECUERDOS
“NO ENTIENDE QUE ADENTRO DEL HOTEL?”. Bajé mi cabeza y le seguí hasta su firma, no como el tercero de la cuadrilla, sino como el décimo.
Barcelona 20 de marzo del 2010 Ilustracion Pedro Soler |
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Hace un par de semanas tuve la oportunidad de asistir “sin ser invitado” a la entrega de premios de la temporada 2009-2010 de la Santamaría de Bogotá en el club El Nogal y compartir mesa con grandes amigos, aficionados y un Matador de Toros.
En la presentación de los trofeos nombraron a casi la totalidad de los toreros presentes. La verdad no esperaba que nombraran a todos, pero si a los que mejores recuerdos han sido capaces de dejar. Al finalizar, no hizo falta decir nada más. Nos despedimos de Pipo y salimos andando con Rodrigo Urrego y el Matador de Toros Joselito Borda. Bajamos desde la carrera séptima hasta casi la carrera quince y encontramos el lugar ideal para recordar el toreo en Bogotá desde los años ochenta. Le recordé al matador que la primera corrida que vi en mi vida fue la misma en la que el tomo la decisión de hacerse torero. Seis terroríficos toros de Icuasuco seis para Dámaso González, José Antonio Campuzano y El Puno. Si por resultados se midiera la afición creo que en este momento no sería taurino. Las cosas no salieron bien para don Raúl Jiménez ese día.
Una gran parte del momento que pasamos lo dedicamos al Maestro Pepe Cáceres. Personalmente pienso que Colombia no ha tenido un torero más torero que el maestro de América y que quede claro que ser torero no quiere decir que se dominen mejor las suertes, pero ha sido el que mejor ha llevado la profesión con torería fuera de la plaza. Recordamos el cartel en que debutaba Juan Mora con una corrida de Clara Sierra. Alternaba con el Maestro y nuevamente Dámaso González. No tuvo la suerte que si tuvo Juan Mora. Al llegar al Hotel Tequendama en la puerta le pedí al maestro un autógrafo, me miró como si yo hubiera sido el culpable de su mala fortuna, se giró y dijo algo que no entendí; muy valiente e imprudente repetí que quería un autógrafo. El maestro fijó su mirada en mi y muy serio repitió: “NO ENTIENDE QUE ADENTRO DEL HOTEL?”. Bajé mi cabeza y le seguí hasta su firma, no como el tercero de la cuadrilla, sino como el décimo.
Seguimos recordando entre otras cosas el traje nazareno y luto de Roberto Domínguez, el azul y luto de Espartaco, un verde botella que compartimos, las anécdotas de Joselito Borda con Jesulín de Ubrique, la torería de José Miguel Arroyo “Joselito”,la última corrida de José Cubero “Yiyo” en Bogotá, El Puno, Leonidas Manrique, César Rincón, Carlos Fuentes, El Cordobés de los Pobres, El Timy del Caquetá, Raúl Gómez, Paquirri, Jairo Antonio Castro, Jorge Herrera, Palomo Linares, la presentación en Bogotá de Guillermo Capetillo, El Cali, Raúl Jiménez, Manuel Piquero, Alberto Mesa, los días de campo en Vistahermosa, entre tantos y tantos personajes y ganaderías protagonistas de la década de los ochenta hasta la buena actuación de Pepe Manrique con la corrida de las Ventas del Espíritu Santo.
Pero de todos los recuerdos y que sirva para nombrar a los profesionales que no se nombraron en la entrega de los trofeos, el mejor fue las extraordinarias temporadas de novilleros que se dieron en la primera mitad de la década de los ochenta con detalles tan importantes para mi memoria como el pellizco de Valentín Báez, el valor de Orlando Sánchez, el poder de Hernando Franco, entre varios otros y todos estos carteles encabezados por Andrés Gómez “El Palmeño” y el mismo Joselito Borda, que formaron la última rivalidad exitosa de dos novilleros en Bogotá. Rivalidad que recordamos los que lo vivimos y aún la tenemos en la memoria.
Gracias matador y espero que se repita.