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Puente Nacional

PIRAQUIVE, A HOMBROS. CAMACHO, UNA OREJA

 

Texto y Fotos
Rodrigo Urrego B.

 

Paco Perlaza se quedo sin la puerta grande por culpa de su espada

La salida a hombros le fue esquiva tanto a César Camacho como a Paco Perlaza, pero junto al rejoneador  Jorge Enrique Piraquive, el único que consiguió abrir la puerta grande, hicieron méritos suficientes en la exitosa corrida de la feria de Puente Nacional.

 

Una corrida que tuvo un sello común. El ‘pique’, ese deseo de no dejarse ganar la pelea, y de superar lo hecho antes. Por eso la corrida siempre fue a más, y en buena medida por el encierro de Clara Sierra. Desigual de presentación pero de buen juego en general.

 

César Camacho tenía ganas de disfrutar. Su primera faena la inició sentado en el estribo. El toro tenía nobleza, pero no mucha fuerza, por lo que el torero hizo una faena sustentada en muletazos a media altura.

 

En el cuarto la actuación del veterano torero estuvo marcada por el amor propio y el deseo de ser el triunfador de la tarde.

 

 

Sus compañeros de terna ya habían levantado los tendidos. Por eso se fue de rodillas y recibió al toro con una larga cambiada. Fue el prólogo de una faena de mucha entrega.

Camacho inició con series de toreo en redondo que tuvieron temple y, algunas, ligazón. Pese a que el piso no estaba en condiciones, también alegró la embestida del toro con molinetes de rodillas. E incluso experimentó naturales con la mano derecha, al arrojar el ayudado y torear con la mitad de la extensión de la muleta. El toro tuvo nobleza, pero la raza justa. Al final fue a tablas.

 

El epílogo de su actuación fue una soberbia estocada en la que Camacho, en la mitad del ruedo, adornó la muerte del toro y levantó los ánimos. Hubo petición de dos orejas pero el presidente decidió asomar sólo uno de sus pañuelos blancos.

 

Paco Perlaza tuvo un lote más emotivo, y de mayor transmisión. Con ellos firmó las faenas más vibrantes de la tarde, gracias a que sus ejemplares permitieron el toreo largo y por abajo. Así condujo Perlaza la embestida de sus dos oponentes.

 

El primero  de su lote, tuvo una virtud añadida. Y fue el embestir con la cara muy abajo, con fijeza, pero sobre todo con templanza y lentitud. Perlaza pudo describir muletazos de muy buen trazo, especialmente por el derecho, el mejor pitón del toro.  

 

El quinto tuvo virtudes parecidas, aunque terminara buscando tablas, pero el torero caleño aprovechó los tiempos de la faena, para torear en redondo, y luego para arrancar las últimas suertes, más cerca de tablas.

 

Ambas faenas merecían doble trofeo. Pero la espada no quiso entrar y el torero caleño, que pudo salir a hombros se tuvo que conformar con escuchar un par de ovaciones.

 

El rejoneador Jorge Enrique Piraquive tuvo una virtud. La actitud de arrollar. Quizás lo traicionó en su primero en una faena vibrante que por momentos reclamaba cabeza fría. Pero producto de una fuerte voltereta, el torero se reincorporó a culminar una faena que tuvo a un muy bravo toro de Calara Sierra como protagonista.  La suerte suprema empañó la obra.

 

Con esa misma actitud, pero mayor reposo, Piraquive cerró la tarde con una faena que también tuvo vibración, y limpieza a la hora de ejecutar las suertes. El primer tercio, en el que el torero y sus caballos templaron a un toro muy imponente, marcaron la faena, que, también como virtud, no bajo de intensidad. Dos rejones de muerte fueron suficientes. Y el público exigió las dos orejas, voluntad a la que la presidencia no se pudo oponer.

 

FICHA

Puente Nacional (Santander)
Domingo 4 de julio de 2010
Plaza llena

 

Se lidiaron seis toros de Clara Sierra, dos de ellos para rejones. Muy bravo el tercero. Nobles primero y cuarto; y con calidad, aunque terminaron en tablas, segundo y quinto.  

CÉSAR CAMACHO (azul marino y oro): silencio y una oreja con fuerte petición de la segunda

PACO PERLAZA (azul rey y oro): palmas en ambos

JORGE ENRIQUE PIRAQUIVE (rejoneador): silencio tras dos avisos y dos orejas. Salió a hombros.