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EL JULI, ONCE AÑOS DESPUÉS

Poco le hace falta a Julián López 'El Juli' por conquistar en el toreo. Este fin de semana tendrá una doble comparecencia, el sábado en Medellín y el domingo su esperado regreso a la Santamaría, una de sus plazas predilectas en América. En ambas lidiará toros de Ernesto Gutiérrez, la ganadería que tiene el récord de indultos en Colombia, 46 en total. Alternará con David Fandila ‘El Fandi’ y Juan Solanilla.

 

Por
Rodrigo Urrego B

Pasarán once años desde aquel 7 de febrero de 1999 en que Julián López 'El Juli', en ese entonces,  un niño de 16 años recién cumplidos, debutaba en Bogotá. Vestido de celeste y oro,  hizo su primer paseíllo en la Santamaría, quizás sin saber que esa plaza marcaría un capítulo especial en su carrera.

Sobre todo, porque desde ese año la Santamaría se convirtió en la única plaza del mundo a la que El Juli ha comparecido año tras año, sin interrupción alguna. Quizás por eso, la afición de Bogotá ha sido el  principal testigo de la evolución de un torero que ha cumplido once años de alternativa, todos ellos en la primera fila de las figuras del toreo mundial.

Desde entonces, la tauromaquia de El Juli no deja de sorprender y siempre ha merecido los mayores elogios. En los días en que este torero, nacido en Velilla de San Antonio, una provincia de Madrid, visitó por primera vez Colombia, era llamado el 'Mozart' del toreo.

Su escasa edad lo había convertido en el mayor 'niño prodigio' de la historia de la  tauromaquia. A los 14 años, sin la edad para poder torear en España, ya sabía lo que era indultar un novillo en la Plaza México, la más grande del mundo. La faena a 'Feligrés' fue histórica, al punto que una de las fincas del hoy maestro madrileño, lleva ese nombre.

 

Once años después, El Juli ha dejado de ser ese niño prodigio, y se convirtió en un maestro consumado de enciclopédica tauromaquia. Por ejemplo, al finalizar su temporada de 2009 la crítica española utilizaba una contundente frase para definirlo: 'El pensador del toreo'.   

Este reciente calificativo quedó demostrado en Colombia hace un año, cuando en la plaza Monumental de Manizales, su toreo profundo permitió el indulto de un toro de  Ernesto Gutiérrez, precisamente la ganadería con la que se encontrará el domingo en la plaza de Bogotá.   Esa faena, para quienes tuvieron la oportunidad de disfrutarla, se acercó al toreo perfecto.

Pero, ¿qué es el toreo perfecto para El Juli?

"El toreo perfecto es una mezcla de muchas cosas. A mi gusto, está sostenido en dos: la técnica, esa que llevas en la cabeza, y el sentimiento, el que guardas en el alma, en el corazón. Esa mezcla significa el toreo perfecto", dice El Juli.

La mejor muestra de la evolución de este torero madrileño se concentra en las fotografías taurinas, que sin duda reflejan esos trazos de toreo que marcan la personalidad y el concepto de cada torero. Las que corresponden a El Juli tienen rasgos particulares: la largura y hondura que sus muletazos están alcanzando.

"Es la evolución lógica que debía tener" –dice Julián-. "Ese toreo siempre lo he tenido en mente, lo que pasa es que por unas cosas o por otras mi trayectoria ha marcado muchas veces la velocidad que debía llevar. Entonces,  no podía desarrollar el toreo que yo hubiera querido. Ahora mismo estoy en una situación en la que me encuentro más a gusto, tengo mucho más margen para hacer el toreo que quiero y lo estoy encontrando más a menudo".

Pero más allá de la capacidad de su tauromaquia, y de ser hoy por hoy la máxima figura del toreo,  El Juli ha conseguido un "temprano respeto" por parte de todos aquellos que se visten de luces. Ese mismo que toreros de dilatadas trayectorias se han ganado con un mayor paso del tiempo, pero que el madrileño ha conseguido en sus primeros diez años de alternativa. Sin duda, un caso único en la historia del toreo contemporáneo.

¿Qué siente un torero tan joven que toda la nueva generación de toreros lo llame maestro? "Es bonito. También atípico porque prácticamente tenemos la misma edad, incluso soy menor en edad que algunos. Pero el respeto por el que se me trata en el mundo del toro es una cosa que se agradece mucho. Para los toreros la admiración del propio gremio es de las cosas más importantes, y el sentirte querido, el sentirte respetado, para mi es clave".

 

Ese Respeto, con mayúsculas, tiene varias causales. Primero, el hecho de soportar, desde hace diez años, lo que en España llaman 'el peso de la púrpura'. Es decir, esa responsabilidad que tienen que cargar las máximas figuras del toreo en cada tarde y que sobre sus hombros se marque el devenir de cada temporada. Segundo, el difícil arte de resolver las dificultades que plantean los toros. Hoy El Juli lo está haciendo, o por lo menos, cada tarde pretende hacerlo.  

"Así es. He llegado a un conocimiento del toro por el cual he trabajado mucho. Evidentemente todos los días no puedo estar al nivel que a mi me gustaría, y cuando las cosas no me salen bien, pues a lo mejor no se disfrazar aquello, pero en un porcentaje muy alto estoy a gusto en la plaza y para mi es lo más importante", dice el torero español.

Pero más allá de triunfos y más triunfos, que sin duda son la fría radiografía de la evolución de El Juli, son diez años de recuerdos, de imágenes imborrables, de faenas que quedarán siempre en el recuerdo del aficionado, y en un lugar especial en el corazón de este torero. ¿Cuáles son esos recuerdos?

"La corrida de los seis toros en Madrid, en el año 2004, fue clave, y el toro 'Cantapájaros' que me permitió salir por la puerta grande de Madrid en el 2007 fue un momento culminante en mi carrera. Otro toro que me ha marcado mucho fue 'Desván'  de Victoriano del Río al que le corté un rabo en la plaza Vistalegre. Esos tres días para mí fueron muy importantes. Luego, el año pasado, la tarde de Nimes, en que me encerré con seis toros para recordar los diez años de de alternativa,  fue una fecha muy especial. Son tantas corridas que es difícil enumerarlas".

¿Y en Colombia?

"Aunque es el último que he vivido, uno de los momentos más sentidos y más pasionales fue la tarde del pasado 11 de enero en Manizales, porque pude realizar el toreo hondo, el que me gusta. Allí hubo una conexión con  la gente, una compenetración maravillosa con ese toro de Ernesto Gutiérrez. Fueron ocho o diez minutos en los que disfrute muchísimo".

Manizales, Cali, Cartagena, Medellín, Armenia… Tantas aficiones colombianas que tienen un recuerdo, una huella imborrable de El Juli. Pero, Bogotá es otra cosa.

 

 

Es su plaza en América. Donde la afición le guarda, más que una idolatría y un respeto, un cariño muy especial. Por eso, el pasado miércoles, cuando llegó al aeropuerto Eldorado, vestido como cualquier joven de su edad, su presencia no fue indiferente. No había quién lo desconociera. Fotos y autógrafos trataban de interrumpir este diálogo con el torero. Todo eso es recíproco.

"Para mi la plaza de Bogotá es una de las de mayor categoría a nivel de aficionados de América. Es una plaza que me ha sabido entender en todas mis etapas, siempre se ha entregado mucho con migo. Es de esas plazas en las que yo me he visto de torero y siento que yo le debo más a ella que la gente a mi", confiesa.

La Santamaría es la plaza en la que más huellas imborrables han quedado. Los números, que no dejan de ser referencia, indican que El Juli ha toreado en 16 tardes, ha cortado 22 orejas y ha salido a hombros en nueve ocasiones, la más reciente, el 18 de febrero de 2007, tras cortarle dos orejas a un toro de Juan Bernardo Caicedo.

"Ha habido muchas tardes" –admite El Juli-. Recuerdo el día del debut con un toro de Juan Pedro Domecq en la que estuve muy a gusto. Recuerdo varios toros de Juan Bernardo, otro de Achury Viejo. Como no acordarme del día del aguacero. En fin, son muchas las tardes en las que he cortado orejas, pero me gustaría que la faena grande estuviera por llegar".

 ¿Será la de este domingo?

"Esperemos la verdad que tengo mucha ilusión de que pueda ser", dice en medio de una sonrisa cómplice.

El Juli, once años después. Uno de los pocos toreros que la afición ha conocido por completo. Desde aquel niño que despertaba las sanas envidias de los adolescentes, y los suspiros de muchas quinceañeras, al hombre serio y maduro que hoy no sólo se sigue vistiendo de luces, que ya tiene una ganadería, y que ha formado su propia familia. A propósito, tres años de matrimonio ¿que tal le han caído?  "Fenomenal, ahora mismo mi vida personal está en un momento inmejorable".   

Pues ese es Julián López 'El Juli'. De 'niño prodigio' a 'pensador del toreo'. De revelación a maestro consumado. Un torero que ha escrito muchas páginas para la historia del toreo, y que tiene la pluma necesaria (o el capote y la muleta) para seguir haciéndolo. Probablemente, la nueva página se escriba este domingo a partir de las tres y treinta de la tarde.