"SIN CABALLO, SERÍA MEDIO TORERO"
Álvaro Montes, el rejoneador que protagonizó uno de los hitos del rejoneo en Madrid la pasada temporada, cuando triunfó luego de haber sido cogido dramáticamente, debutará este domingo en La Santamaría. El cartel lo completa el español Sergio Domínguez y el colombiano Jorge Enrique Piraquive. Los toros, de Dosgutiérrez.
Álvaro Montes Montoro quería ser matador de toros. De a pie. Soñaba con ser figura y por eso, cuando tenía trece años, decidió inscribirse en la Escuela Taurina de Jaén, su tierra. Allí aprendió la técnica. A manejar con arte el capote, la muleta y la espada. Probó suerte en varios tentaderos de ganaderías andaluzas, pero empezó a descubrir que engañar las embestidas de un toro con las telas no llenaba su alma.
Faltaba algo, para sentirse plenamente torero. Ese algo era el caballo, pues tan fuerte era su afición por los toros como por los caballos, ese animal con el que nació y creció, ya que en la finca de la familia se criaban caballos de razas lusitana, árabe y española. Así que decidió completar su alma. Sin vestirse una sola vez el traje de luces, decidió que quería ser torero, pero a caballo. Ahora, cuando celebra la temporada de su décimo aniversario de alternativa, Montes es uno de los rejoneadores españoles que lideran el escalafón de su país. Aún no es máxima figura del rejoneo, pero los mejores rejoneadores del mundo reconocen en él un torero al que hay que respetar.
Para ello, ha necesitado de escalar cada paso, y ganarse los reconocimientos a pulso, incluso derramando sangre en el ruedo. Como aquella tarde del pasado 24 de mayo en Las Ventas de Madrid, cuando cortó una oreja en una faena dramática, en la que un toro de Flores Tassara lo cogió como para hacerlo pedazos. Pero, con la cara ensangrentada, volvió a montarse en uno de sus caballos y cuajar una faena épica. Montes, de 26 años, volverá este domingo ala Santamaría, con la intención de repetir el triunfo que conquistó el año pasado. Y lo intentará conseguir con la voluntad de otros tres 'toreros': Chambao, Jamo y Maestro, tres de sus principales caballos, a los que considera como sus hijos. Sus caballos toreros, que atendiendo los toques de rienda y espuela, del jinete jiennense, buscarán lucirse ante un encierro de Dosgutiérrez.
-Los caballos y los toros son una pasión que se hereda. En su caso lleva en la sangre esa afición por el toreo y el caballo ¿Cómo se formó esta vocación? Mi afición viene por mi padre, José Montes Herrero. Siempre ha sido un buen aficionado. Somos seis hermanos y casi todos hemos pasado por los lomos de los caballos. Yo soy el más chico de la familia y mi padre tenía la ilusión de tener un torero o un rejoneador en casa, aunque no esperaba que fuese yo. Empecé toreando de a pie en la escuela taurina de Jaén, pero yo veía que me faltaba algo, y ese algo era el caballo, porque desde que nací, desde que di mis primeros pasos, he estado en lo alto de un caballo. Por eso me cambié. No hice novilladas sin picadores ni siquiera, simplemente me di cuenta que aquello no era lo mío. Se lo dije a mi padre, y él encantado, porque su principal afición es al caballo, aunque es un gran taurino.
-¿Cómo ha sido su relación con el caballo? Cuando tenía 10 años estaba concursando en certámenes de doma vaquera y alta escuela Ya hacía mi espectáculo. Pero con 14 años decidí que quería probar el rejoneo. Tuve la suerte de entrar en la finca Bucaré en Sevilla, del maestro Javier Buendía. De él me viene todo el aprendizaje, la suerte de la garrocha, mi técnica y mi toreo, que básicamente se basa en lidiar, en cuidar el toro para que me sirva en el segundo tercio, la faena de banderillas. En el 97, y con 15 años, debuté en público, aunque a esa edad no se puede en España. Pero esa vez hicimos un chanchullo, para hacer creer que tenía 16 años. Estuve toreando media temporada. Al año siguiente tomé la alternativa en mi tierra, Jaén, con Pablo Hermoso de Mendoza, Joao Moura y Paco Ojeda.
-A diferencia del toreo a pie, en el rejoneo son dos voluntades las que se tienen que acoplar con armonía. ¿Cómo es esa preparación que tiene con sus caballos para que en el ruedo usted sea el dominador de la situación? Para dominar un toro, primero hay que dominar al caballo. Ponerte de acuerdo conél es más complicado que el toreo a pie, sin quitarle ningún mérito porque hay que tener mucho valor para ello. Pero tienes que jugar con dos animales, y el secreto es tener dominio de quien está a tu favor, el caballo. Después tendrás más ventajas de dominar al toro. Por eso la preparación es distinta. Mucho trabajo en el campo
, me gusta perderme con el caballo y me sustento en la confianza. Cuando un caballo confía en ti, se siente uno más seguro. -¿Cómo se consigue un caballo torero? Cada criador tiene su método. En Portugal, por ejemplo, cogen un potro y no les hacen muchas bases de doma. Desde que los cogen ya están poniéndolos ante vacas o toros. En España es distinto. Primero hacemos la base que es la doma, y a los seis o siete años, cuando el caballo se pueda dominar, se le empieza a poner ante el carretón, luego lo pones ante un manso, que es un toro adiestrado para que no embista y que el caballo se vaya acostumbrando a verle. Después se le echan vacas pequeñas, luego una vaca vieja, y después torear un novillo, antes de presentarlo en la plaza. Pero eso, el caballo lo irá pidiendo. -El domingo está anunciado Álvaro Montes en el cartel, pero la gente va a ver otros 'toreros' como Chambao, Maestro, Jamo, los caballos de su cuadra. ¿Cómo define a estos caballos en su función de toreros? Estos tres caballos que he traído son de los más importantes de mi cuadra. Los defino como valientes y un poco aventureros. Porque para una corrida de tanta importancia, pues algunos pensarán que son pocos caballos. Pero en ellos tres veo toda una cuadra. Son tan buenos que no me da miedo enfrentarme a lo que salga. Están muy bien preparados y los tres se han portado como fieras en Quito, se han echado tres corridas allá y se han portado como unos campeones. Por eso creo que tanto yo como el público de Bogotá disfrutaremos. -Para un rejoneador los caballos son como unos hijos. ¿Qué significan ellos para su vida? Así es, cuando me refiero a ellos yo les digo 'mis niños'. En la finca digo 'voy a echarle de comer a mis niños'. Se les coge mucho cariño, son una parte muy importante de mi vida. -Uno siempre quiere a los hijos por igual, pero de 'sus niños', ¿cuál es la estrella del toreo a caballo? Para mí todos son estrellas, porque a la hora de 'meter el hombro', todos lo hacen. Pero si tuviera que elegir, pues quizás Chambao, porque es un caballo que le gusta mucho a la gente. Es un torero que da espectáculo y es muy vistoso, con él hago las 'piruetas', que es el giro del caballo sobre sí mismo en la cara del toro. Pero yo le tengo un cariño muy especial a Jamo, porque es el caballo de salida, el que para y templa los toros, que es el momento donde más me gusta estar seguro. -Chambao tiene una historia especial, su nombre no es casualidad… Se llama así porque nació debajo de un tejadillo de lata, que allí en España a eso le llamamos un chambao. Fue cuando yo estaba en obra y no tenía las cuadras terminadas. Y allí se refugió la madre y allí nació. Pero también le puse Chambao porque soy un seguidor del grupo de flamenco chill-out que lleva ese nombre. -En estos diez años de carrera, ¿cuál es su mayor logro conquistado? Lo más importante es el sitio que me están dando los compañeros. Me lo estoy ganando poco a poco y cada año estoy subiendo un escaloncito. Las figuras del rejoneo me han dejado entrar por eso, porque están viendo que lo estoy haciendo a base de esfuerzo. Me respetan y me dan ese sitio. -¿Cómo describe su tauromaquia? Sobre todo diferente. Porque hoy en día está bien fijarse en Pablo Hermoso de Mendoza, porque es el número uno. Como él, poquitos han puesto en categoría al rejoneo. Pero creo que las imitaciones son malas, y hoy empieza cualquier chaval y lo primero que hace son las cosas que hace Pablo Hermoso. Yo tengo detalles de muchos rejoneadores, como de Javier Buendía, de Ginés Cartagena (q.e.p.d.), pero son detalles que los hago porque lo siento, y no por imitar a nadie. -¿Su padre, su familia, lo siguen cuando torea? Mi padre me sigue mucho, cada vez que puede o estamos cerca de casa, pues intenta ir. Es una persona muy taurina. Mi madre es la que nunca me ha visto torear. Me ve en la televisión cuando sabe que todo ha salido bien, pero ahora mismo es la que más disfruta tener un rejoneador en casa. Ella no lo pasa mal cuando toreo, porque sabe la seguridad que tengo en un caballo. Pero cuando le decía que lo que quería era ser torero de a pie, se oponía, me decía que estaba loco. Mi madre siempre quiso que fuera torero de a caballo, porque desde pequeño me está viendo que ando como un indio. -¿Qué sería de Álvaro Montes si le quitaran el toreo y el caballo? No se. Esto es mi vida. Pero quizás me verían en el París – Dakar, me apasionan mucho los Rally. Hoy soy rejoneador y tengo espíritu aventurero, si no lo fuera, no perdería ese espíritu.
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