Texto Rodrigo Urrego
Guillermo Valencia dio un paso adelante. Si bien, un día antes,interpretó su mejor faena, la prueba de la novillada de Armerías no fue fácil y pudo salir con la cara alta y la conciencia tranquila, por haber superado ese reto. Porque, quizás, fueron los novillos de mayor volumen que se le ha visto lidiar en la Santamaría. Además, los de Armerías no la pusieron fácil y el torero resolvió con su técnica, que tiene muchos recursos para superar esas dificultades. El que abrió plaza fue noble, pero tuvo el pecado de durar poco y marcharse a tablas. Allí la faena se vino a menos, pero el torero siempre guardó la compostura y no perdió el libreto. Pero la prueba fuerte fue la del cuarto. Un novillo con expresión de adulto. Y con un temperamento violento e impetuoso. Guillermo levantó a la gente de los tendidos en su inicio por estatuarios. Una suerte que disfruta. Luego, en los medios, puso la muleta adelante, y ligó series que tuvieron temple. Su clave fue soportar el arreón de la primera embestida, y luego dominar y atemperar, algo que consiguió. A este lo mató con efectividad y cortó una oreja que el público pidió con clamor.
Valencia paseó la oreja y recibió el cariño del público, que a juicio como vivió esa faena, lo convierten en el ídolo de esta nueva afición propia de las temporadas de Verano. Al ecuatoriano Carlos Lárraga se le apreciaron muchas cosas. Una mezcla de actitudes: frágil cuando las cara de la moneda es la contraria, y ambiciosa cuando los deseos de no dejarse ganar la pelea están de por medio. La primera cara se vio en el castaño que salió en segundo lugar. Un novillo que no tenía un pase, se colaba por ambos pitones, y que parecía conocer más de la cuenta. Lárraga no encontró fórmulas, aunque de principio se veía que la única era ir pronto por la espada. En el quinto fue otra cosa. El ecuatoriano mostró un concepto muy particular y personal para interpretar el toreo de capote. Una mezcla de arrebato y pureza, sobre todo en la postura de su cuerpo y en la colocación de la pierna de salida. Con la muleta, ante un novillo que tuvo movilidad, pero no calidad, Lárraga ligó varias series en redondo, que combinaron muletazos de buena factura y otros recortes graciosos. Hubo espacio para los alardes y los desplantes, y para interpretar suertes novedosas, como la mezcla de ‘castellanas’ y ‘luquesinas’, es decir, una combinación del muletazos que patentó Sebastián Castella en Medellín, y la suerte que suele ligar Daniel Luque. El novillo tardó en doblar y los ánimos se enfriaron. Una vuelta al ruedo fue el merecido reconocimiento. El rejoneador Mauro Andrés no pudo demostrar ese valor que atesora en su debut en Bogotá. Tuvo el infortunio de vérselas con dos novillos no aptos para rejones. Acobardados en tablas. El rejoneador lo intentó pero no con mucho éxito, en dos faenas de circunstancias parecidas.
FICHA Tercera novillada del festival de Verano
Se lidiaron seis erales de Armerías, muy bien presentados, algunos con hechuras de utreros, pero con poco juego en general. El cuarto, violento, y el quinto con mejor movilidad.
GUILLERMO VALENCIA (burdeos y oro): palmas y una oreja
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