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MEDELLÍN: CUMBRE DE CASTELLA QUE SALIÓ A HOMBROS JUNTO A LUIS BOLÍVAR

 

Por
Rodrigo Urrego B.
Fotos
José Fernando

 

Tarde histórica en La Macarena. Sebastián Castella y Luis Bolívar salieron a hombros. Se repartieron siete orejas en la corrida concurso de ganaderías. Tres toros de vuelta al ruedo, los demás embistieron con condiciones muy favorables. Ernesto Gutiérrez, la ganadería que se adjudicó el trofeo. Castella cuajó dos faenas memorables, quizás las mejores de toda la temporada colombiana. Bolívar dio buena réplica y consiguió un nuevo éxito en la última de sus tardes en Colombia.

 

La del 30 de enero de 2010 entró con categoría en la historia de la plaza de toros La Macarena de Medellín. La salida a hombros de Sebastián Castella, Luis Bolívar, y cuatro ganaderos –Miguel Gutiérrez, César Rincón, Luis Miguel y Juan Manuel Domínguez- fue una imagen que quedará en la memoria de quienes tuvieron la fortuna de asistir.

 

Y junto a esa imagen, la de una afición entregada que no sabía cómo soportar tanta ebullición de júbilo y emoción. ¿Qué había pasada?  El triunfo de la Fiesta. Del toro bravo colombiano, muy atacado en estos tiempos, pero que en Medellín se impuso por varias razones.

Primero porque los toros deben ser fieles a sus encastes, y la seriedad de sus hechuras no deben ir por el camino de la exageración, de anatomías descomunales, como algunos públicos suelen confundir. Cuando los toros tienen armonía y hechuras tan reunidas como las de los seis de la segunda de abono –ninguno superó los 480 kilos-, todo tiene que salir como salió.  Que embistieran y que permitieran un toreo de suma categoría.

Sebastián Castella es quizás el torero europeo más visto en los últimos años en Colombia. Pero las faenas que firmó ante toros de Las Ventas del Espíritu Santo y Fuentelapeña podrán ser las mejores que haya hecho en Colombia.

La tarde del francés superó la historia. Con los días trascenderá más, seguramente. El tercero de la tarde, de Las Ventas, el toro de mayor calidad, tuvo poca fuerza. Pero el temple que le dio en elevadas dosis la muleta de Sebastián pareció imprimirle la fuerza necesaria para perseguir una muleta de mucha categoría. Una faena que tuvo también, en la excepcional lidia de Curro Molina, un preludio y una causa del posterior éxito.

Y es que el temple de Sebastián va mucho más allá de los simples alcances de saber acoplar la embestida del toro a la velocidad de los engaños, y viceversa. El temple de Sebastián tiene muchas definiciones, tantas cuántas caben en esa cabeza a la que poco a poco se le va tomando la talla de figura.

 

Templar, para él, es aprovechar lo que ve de salida: que el toro tenía condición y aptitud para ir con clase. Pocas veces se alcanza la perfección. Pero la tarde del francés rayó a esa altura. Incluso, una suerte única, dos muletazos al natural, apenas con un cuarto de muleta, como si fuera un pañuelo.  

Con el de Fuentelapeña, quinto de la tarde, el temple de la muleta del francés consiguió que un toro, distraído y caminador, en el segundo tercio, se entregara con bravura a medida que trascendía la faena.    

Luis Bolívar, a su estilo, fue capaz de dar la réplica. Se había “adelantado en el marcador” con el primero de su lote, ‘Beltenebros’ de Ernesto Gutiérrez. Un toro que tuvo prontitud para aceñptar los cites, y la nobleza suficiente para perseguir los engaños. Faena larga que tuvo emoción. Hubo intensa petición de indulto, Bolívar que intentó salvarle la vida, lo mató como el bravo merecía, por arriba.

Con el toro de Monterrey, no hubo la suficiente emoción. Pero con el último, de Vistahermosa, un bravo e interesantísimo toro, tuvo todo para torear a placer, sobre todo a mitad de faena. En este toro la emoción crecía con cada serie.