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EL JULI POR LA PUERTA DEL PRINCIPE
El primer gran cartel de la feria cerro la tarde por la puerta del príncipe con El Juli a hombros tras cortar 3 orejas y dar dos vueltas al ruedo en una tarde completa, profunda, y honda del madrileño ante toros del Ventorrillo. Una tarde con lluvia en la que sus compañeros de cartel Sebastian Castella y Miguen A. Perera no tuvieron opción de triunfar.
El triunfo del Juli según la prensa Española
Fotos Mauricio Berho www.mundotoro.com
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EL REY, POR LA DEL PRÍNCIPE
Desnudo de frivolidades. Partidos los riñones de tanto encajarse. Con un toreo que no cabe en la mirada por hondo, profundo y perfecto, El Rey mandó abrir la Puerta del Príncipe. Con esa forma de torear en la que en cada muletazo caben tres olés, de tanto que dura.
Que al decirlo se llena la boca de albero de tan arrastrado que dibuja el trazo.
Que después de los olés con sabor a arena se escupe asombro de tanto que se abren los vuelos de la muleta. Con esa autoridad mandó El Juli que le abrieran la Puerta del Príncipe.
Fue la seguridad de quien tiene, entiende y hace el toreo sin complejos, entero y metido muy por dentro, la razón por la que El Rey lo siguió siendo después de que un tipo de cuyo nombre no me acuerdo, merodeador del minuto de gloria de los mediocres, tratara de quitarle la corona. Fue en esas tardes de agua va, constante. Las que provocan picor en las cicatrices cuando se barrunta horas o días antes. El mismo picor que debió sentir El Juli, nacido de la cicatriz que hace ya once años salió del pitón de un Jandilla, cuando le abrió las carnes y le privó de salir por la puerta de la que hoy salió como Rey. Era entonces tan juvenil que el reposo estaba secuestrado por la burbuja de un toreo de femorales al galope y corazón explosivo. Es ahora un torero maduro, de una rotundidad aplastante que ha hecho una rutina de las obras perfectas a muchos tipos de toros. Hoy, a dos buenos de una corrida seria y con hechuras de El Ventorrillo y al lado de dos grandes rivales. Castella. Perera. Con lotes muy distintos, todo les pesó más. Pesaron las muletas empapadas de agua y rebozadas de albero. Pesaron los toros. Pesó, y mucho, El Juli.
No se habían encajado cuerpos, ponchos y cuerpos. Luchaban aún los paraguas por la hegemonía de un centímetro cuadrado cuando El Juli lanceó hacia fuera al primero, toro hondo, cuajado y serio que se movió bien, aunque con cierta brusquedad. Tras un puyazo, se sacó de la chistera un quite por chicuelinas y cordobesinas, trayéndose toreado al toro despacio, embebido en el envés del capote que puso paz a los paraguas en batalla y calentó las gargantas para los olés.
Siempre presente en la lidia, cuidado el segundo puyazo, se salió a los medios con el toro en una apertura de cinco pases con el mismo ritmo y trazo. Y a torear. Dos tandas con la derecha de una ligazón perfecta, limpieza en el trazo, Y hondura. Y con la izquierda, los vuelos abiertos al final, sin un paso de más o de menos entre pase y pase, anclados los pies en la arena.
Hizo un leve amago del toro de no rematar los muletazos, abriéndose, cuestión resuelta con toques perfectos, a tiempo, sin violencia. Todo justo. Hasta la estocada.
Y cuando el público esperaba el premio mayor, un hombre que pide a gritos un psiquiatra o un calabozo o media docena de psicólogos o que le den un cate, o que le digan bobo, o que lo detengan en su domicilio los días de corridas en Sevilla, busca su minuto de gloria al relance de la gloria de quien se la había ganado. Queda así descrito un tonto. Le dijeron de todo, menos El Juli, que fue cortés y se tragó el sapo que le mandó uno con cara de sapo. Los sapos salen los días de lluvia. Pero aún quedaba otro toro.
Más fino, estrecho de sienes, enseñando las puntas, bajo de cruz. Buen toro, pero de menos fondo, duración en duda y bravura limitada. Por esa razón lo midió más El Juli y arriesgó su picador a costa de un derribo. Rapidito para afuera, en donde, bajo el aguacero, midió su fondo dosificando su raza en cuatro tandas, dos por cada pitón, que fueron una sinfonía de profundidad y un coro de perfección. Y cuando el toro abrevió su recorrido, lo buscó con la muleta girando pies y cuerpo en una tanda que pareció un solo muletazo. Paraguas al aire, público en pie. Estoconazo. Levantó el puntillero al toro, no le dejó el pueblo que descabellara porque quería verlo salir por la Puerta del Príncipe. El que necesita un psiquiatra sacó los pañuelos que debió haber sacado una hora antes, pero el orden de factores no altera el producto.
Burladero.com
El madrileño consigue la foto que una cornada le robó hace 11 años
Sevilla y un Juli pletórico saldan una deuda histórica
Sevilla tenía una deuda histórica con El Juli. Deuda de las de verdad, no de la de las autonomías que ponen el cazo. Ha tardado once años en cobrársela, que en su caso, ha sido una evolución pasmosa de su tauromaquia. Su imagen sonriente camino del Paseo de Colón entrañaba muchas cosas dentro. La principal, que era la conquista del último bastión que quedaba en pie, que a punto estuvo de caer el año pasado y que esta tarde rompió en plenitud.
En 1999 Julián cortó tres orejas a una corrida de Jandilla. Pero su descaro juvenil y ambición le hicieron cambiarlas por la enfermería. Hoy fue todo lo contrario. Sevilla se rindió a un torero maduro, sereno, profundo, que ha buscado y hallado la perfección en su concepto del toreo.
Desde que se abrió de capa, más bien desde que tomó la decisión de echar la tarde adelante pese a la lluvia, se vio que El Juli venía a morder. Cierto es que en sus manos cayeron los dos mejores toros de una variada corrida de El Ventorrillo. Dos animales bajos, con las fuerzas justas al principio pero que gracias a que todo se lo hicieron a favor rompieron en gran son. Los de San Román quisieron ir lejos y El Juli llevarlos más todavía. Y así fue.
Desde los lances de capa del primero, con tres o cuatro verónicas de crujir la plaza; el vistoso y templadísimo quite por chicuelinas y tijerillas rematado con una media colosal; y, sobre todo, varias series de muletazos con la planta encajada, la cintura rota, la tela de la muleta rastrera; los cambiados iniciales por bajo, los de pecho hasta el rabo, las salidas de la suerte, los redondos por derecho e invertidos... todo le salió a Julián en una tarde pletórica y de perfección, en la que a los dos toros los mató por arriba de dos espadazos.
Prefiero no hablar aquí del presidente. Bastante tendrá él solito con haber hecho el ridículo. Pero la tarde fue de cuatro. Pocos toreros habrán podido acariciarlo en Sevilla, pero a Julián todo le salió a pedir de boca. Dos toros embistiendo, la plaza con él y el torero en plenitud llevando la embestida hasta el final. No hubo un enganchón, una mueca, un renuncio y un nada.
Completo con todo, es de imaginar que a Julián le sepa como ninguna esta Puerta del Príncipe. Sevilla se la debía hace una década. Y se la entregó con honor al mejor Juli que haya visto.La tarde empezó y acabó con Julián.
Sevillataurina.es
El Juli, camino de la perfección
El Juli, tras realizar un monumental toreo, ha salido por la Puerta del Príncipe tras cortar tres orejas y serle denegada la cuarta. Ha firmado dos extraordinarias faenas, cuajando a sus toros de principio a fin. La memorable actuación mermó el ánimo de Castella y Perera, que no lograron destacar con una buena corrida de El Ventorrillo.
Con muy poca frecuencia se ve torear en el límite de lo vital. Contemplar el toreo sobre el mojado lienzo de albero, y recrearse al amparo de la grandiosidad de tan sublime obra es todo un gozo. Sorprendió la calma que imprimió a lo que hizo. El reposo del muletazo, la profundidad del natural. Hacerlo más bonito es difícil. Hacerlo más puro es imposible. Cualquier otra versión tendría, quizá, un encanto distinto, pero nunca tan emocionante y llena de verdad.
Hay faenas que alcanzan cotas milagrosas. Como le sucede tantas veces a los verdaderamente grandes. Como sucedió hoy con el toreo sabio y profundo de Julián López 'El Juli', que transmitió con el primer toro de la tarde la emoción de lo auténtico. Y tuvo, además, tanta naturalidad y frescura al hacerlo que lo llevó a lo máximo con sobredosis emotivas
. Unas formas en las que quedó esculpida la verónica y la monumental media tras el lento y acompasado recorrido de la capa. Unas formas con las que logró fusionar la grandiosidad del muletazo diestro con el refinamiento y profundidad del natural. Toda una obra realizada con un asentado toreo, armónico, con evidente ritmo y muy personal. Un impecable tratado de tauromaquia. Un toreo auténtico, hilvanado y rematado. Una antología de estilo con la que iluminó -y de qué manera- una tarde gris, muy oscura y metida en agua. La tarde de un torero camino de la perfección.
Y además, un toreo cargado de una intensidad que transmitió a toda la plaza la emotividad de su contenido. El Juli lo hizo todo muy bien. Toreó como nunca le vi. Sin duda, fueron faenas de fascinante sutileza en las que hubo verdaderos instantes de mérito, de gozo indescriptible: cambios de mano portentosos, temple de vida, quietud pasmosa, ligazón increíble, imaginación y talento desesperante, y profundidad sorprendente. Este fue Julián López 'El Juli' hoy en Sevilla.
Realmente, con esto basta para definir la tarde. No estoy por enumerar muletazos diestros, ni naturales brillantes, ni circulares de ensueños, ni portentosos quites, ni estocadas de cañón, ni orejas negadas por un presidente en dulce sueño. Basta decir que El Juli hizo el toreo con el noble y extraordinario primer toro de El Ventorrillo y con el bravo, aunque flojo, cuarto. Con ambos toreó como nunca. Más contundente, completa y emocionante fue la lidia del primero. Expresiva, precisa y virtuosa la del segundo. Así consiguió la gloria. Y por la deseada Puerta del Príncipe se lo llevaron para alcanzarla.
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