Temporada de Veranoen Bogotá
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Andrés Franco fue el triunfador de la primera novillada de la Temporada de Verano. La oreja que el público le concedió fue un premio a la faena más ordenada e hilvanada de cuantas se vieron en la Santamaría. Y fue completa especialmente porque contó con la materia prima de un extraordinario novillo de la ganadería de ‘Cenicientos’. Un jabonero de bonitas hechuras y con mirada de serio. Que tuvo en sus embestidas clase, calidad y codicia a raudales, y nobleza para perseguir el engaño con sutil franqueza. Con esas virtudes, el triunfo estaba servido en bandeja. Andrés Franco tuvo la virtud de dejar la muleta siempre adelante, y por momentos trastear con templanza. Además, el recorrido del toro le permitía al torero girar en un palmo de terreno y sólo correr la mano con acierto para ligar las series. El torero tuvo reposo, más que en ocasiones anteriores, pues era su tercer año en la primera plaza del país. Aunque tuvo momentos buenos, en su conciencia debe quedar que ese novillo había que desorejarlo. Pero allí adentro también estará la tranquilidad que puso todo lo que tenía para ofrecer. Pero la tarde tuvo otras sensaciones. Por cuenta de dos toreros, muy nuevos, pero con condiciones esperanzadoras.
El antioqueño Santiago Sánchez Mejía demostró que es dueño de un concepto caro, de torero puro y estético. También dejó entrever que su camino apenas comienza. Pero suyos fueron los mejores momentos de la tarde. Un quite por verónicas al tercero, y el saludo de capa al cuarto. Las verónicas fueron de categoría. Se entró a la capilla y allí dejó la montera antes de la faena, que tuvo muletazos sueltos de fino trazo. Pero no pudo coger el sitio porque el novillo, que no tenía mucha fuerza, tampoco tenía pausa, y exigía perder los pasos. Y al torero lo costó, quizás porque lo suyo era defender su concepto ante la falta de recursos propios de la experiencia. Eso ya llegará, pero el concepto de torero es algo con lo que se nace, y es un buen punto de partida. Andrés Valencia demostró que su toreo tiene en la firmeza su principal cualidad. Los deseos de triunfo quizás le pasaron factura, cuando su novillo, el más complicado del encierro, y el de menos cualidades, exigía más cabeza fría. Esa serenidad llegó al final de faena, cuando Andrés comprendió que adelantar la muleta no era la dosis. Así que, cuando presentó la muleta atrasada, vinieron las series más templadas y de buen trazo. La sensación que dejó el torero también fue muy alentadora. Leonardo Campos ‘El Choni’ también tuvo buenas intenciones, pero su toreo tardó en llegar al tendido. Su novillo buscó tablas pronto, y también al final de faena consiguió algunos muletazos estimables. Manolo Castañeda fue un torbellino de voluntad en los tres tercios. Con el capote estuvo mejor en los lances cambiados de rodillas, que cuando intentó hacer el toreo de pie. En banderillas hubo altibajos, y con la muleta estuvo por debajo del novillo de más nervio y emoción del festejo. Se salvó muchas veces de algún percance serio, porque la colocación no fue la más adecuada. Con la espada estuvo muy poco fino y sonaron los tres avisos, que precedieron a una fuerte bronca. El rejoneador Enrique Barrera también tuvo buenas intenciones pero poco acople. Sin embargo, tuvo algunos momentos de limpieza en los que pudo clavar con acierto. Fue aplaudido al término de su actuación. La plaza registró una gran entrada que superó los tres cuartos del aforo en los tendidos. Hubo pancartas en defensa de la fiesta, y un encierro con matices pero marcado por la bravura de la mayoría de erales de Cenicientos.
FICHA Bogotá, plaza de toros de Santamaría Se lidiaron seis erales de cenicientos, propiedad de los hijos de Jerónimo Pimentel, uno de ellos para rejones. Extraordinario el segundo y bravo el tercero. El quinto fue el más complicado. Leonardo Campos ‘El Choni’ (negro y oro): silencio
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