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POZOBLANCO Y UNA REVELACIÓN

 

Texto Rodrigo Urrego
Fotos Diego Caballero y Rodrigo U.

 

Guillermo Valencia

Agosto sigue siendo el mes de las revelaciones en Bogotá. Si hace un año se descubrió el toreo de Luis Miguel Castrillón y Guillermo valencia, en este 2010 salió una nueva carta que alimenta la ilusión: Juan de Castilla.

El joven torero antioqueño, que debutaba en la primera plaza del país con un  corto bagaje, sorprendió por su facilidad, y sobre todo, relajadas maneras. Juan de Castilla fue la grata novedad y a punto estuvo de salir a hombros.

El antioqueño tuvo la suerte de lidiar el mejor de los novillos de Pozoblanco, que por tercer año consecutivo, sobresalió en el capítulo ganadero. Esta vez, el encierro fue noble y con muchas cualidades.

A ese quinto de la tarde, que el público pidió indultar, Juan de Castilla lo saludó con suaves verónicas. Pero lo grande de su actuación vino con la muleta. Series de muletazos suaves, con el cuerpo casi desmayado, y con un trazo largo y lento. Incluso, improvisó algunas suertes con la muleta que causaron admiración. Falló con la espada por lo que su gran actuación no pudo ser refrendada con trofeos en la mano, en esa vuelta al ruedo que tuvo que dar por aclamación popular.

 

Pero en la tarde del sábado también hubo una consolidación.

 

 

La de Guillermo Valencia. Aunque con un ejemplar muy noble, que buscaba el refugio de las tablas, el segundo de la tarde, el torero de Popayán hizo su mejor faena en las cinco tardes que sumaba en Bogotá.

Allí quedó un a faena templada y vibrante, que alcanzó su cota máxima en una serie de naturales soberbios, largos y poderosos. También falló con la espada y todo se redujo a un saludo desde el tercio.

Hubo un novillo muy bravo y codicioso. El tercero de la tarde.  Persiguió con ambición la muleta y nunca renunció en su empeño, incluso con calidad y bravura. Le correspondió al debutante Juan Manuel Noreña quien, en una faena con ciertos altibajos, alcanzó a sumar méritos suficientes para cortar trofeos. Su faena fue ligada y templada. Pero falló tanto con la espada que escuchó los tres avisos. La gente lo ovacionó a manera de consuelo.

Enrique Parra lidió un eral muy bravo pero con las complicaciones propias de la casta. No era fácil cogerle el sitio, pero lo consiguió cuando toreó con la muleta en la mano izquierda. Pero su faena no alcanzó a calentar de entusiasmo los tendidos. 

Otro novillo difícil fue el cuarto. Francisco Gómez tuvo disposición y actitud, pero no la técnica suficiente para sentirse a gusto y ratificar en Bogotá las sorprendentes condiciones que demostró en la feria del Novillero de Manizales, en octubre de 2009. Se volcó sobre el morrillo en dos estocadas, pero inexplicablemente el de Pozoblanco se ‘tragó’ la muerte. También sonaron los tres avisos.

El triunfo llegó en el epílogo. El rejoneador José Miguel González se reveló con una actuación vibrante. Correcto a la hora de clavar y con gusto en el momento de torear a caballo. Además, cuenta con un caballo muy valiente, de nombre Moura, que disfruta en el embroque con el toro y echa su cabeza hacia delante como si intentará tirarle un mordisco.

El joven rejoneador sumó los méritos suficientes para cortar una oreja y alzarse como el triunfador de la tarde.

 

FICHA

Bogotá, Plaza de toros de Santamaría
Sábado 14 de agosto de 2010

Segunda del festival de Verano

Media plaza

 

Se lidiaron seis erales de Pozoblanco, uno de ellos para rejones. Aunque chicos y bonitos de presentación, bravos, encastados, con calidad en su mayoría, y algunos difíciles. Sólo el segundo se fue a tablas.

 

ENRIQUE PARRA (verde botella y oro): silencio
GUILLERMO VALENCIA (verde manzana y oro): saludo desde el tercio
JUAN MANUEL NOREÑA (blanco y plata); ovación tras tres avisos
FRANCISCO GÓMEZ (botella y oro): tres avisos

JUAN DE CASTILLA (blanco y oro): aclamada vuelta al ruedo.

JOSÉ MIGUEL GONZÁLEZ (rejoneador): una oreja