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UN TORERO DE TOREROS, Y UN TORERO DE MEDELLÍN
Por Rodrigo Urrego
fotos: Cotesia de Luis Benavides |
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A Enrique Ponce lo admiran todos los públicos. Eso no es novedad ni supone ninguna noticia. Es una realidad contrastada en 20 años, asumidos, como máxima figura del toreo. Pero a medida que los años pasan, y que parecen respetar su figura, pero renovar las virtudes de su imponente toreo, Ponce es admirado, cada vez más, por los toreros.
Aquellos hombres que han escogido el camino de la gloria frente a un toro de lidia, ofreciendo como moneda de cambio su propia vida, no esconden gestos de admiración con cada cosa que hace Ponce. Por eso, el torero valenciano, que ha pasado de ser el líder de las estadísticas, a un maestro consumado, a un torero de época, ya parece haber superado el umbral de ser torero de toreros.
La faena del cuarto de la tarde del 13 de febrero en Medellín, vista detrás del burladero de matadores de La Macarena, puede ser prueba de tal afirmación. Cuando el toro tenía olor a enfermería, por el pitón derecho, y cuando algunas voces desde el tendido hirieron el orgullo de Ponce. Esas caras de toreros, vestidos de luces, de oro y plata, o vestidos de paisano, brotaron en el callejón.
Porque Ponce tomó con los dedos de su mano izquierda el palillo de la muleta. Y con toques sutiles pero que hacían ondear la muleta con firmeza, empezó a hipnotizar al toro. Que terminó entregado y persiguiendo con emoción. En una faena imposibles, única, con el sello de quien, por orgullo, y que por su condición está obligado, a empresas que parecen imposibles.
Y si Ponce es torero de toreros, y torero de época, hay un torero que ambiciona también trascender y dejar huella en la historia. Es Sebastián Castella. De a poco, pero con pasos contundentes, como sismos que mueven el piso de la tauromaquia, lo va consiguiendo.
Por lo menos ya se hizo torero de Medellín. Castella, quien desde hace mucho ha rendido a Cali, por ejemplo, y que también está por desmayar totalmente a Manizales, ya puede decir que es ídolo de Medellín.
La prueba es que los olés, que siempre salen con generosidad, suenan de una forma muy resonante cuando los produce Castella. La afición antioqueña parece desgarrarlos de lo más profundo de las entrañas. En la cuarta de abono así salieron con una faena ante un buen toro, pero al que Castella le hizo lo que quiso, con un toreo de mucha verdad y clase.
La plaza también estuvo puesta, materialmente, boca abajo con un pundonoroso colombiano. No la tenía nada fácil de actuar con dos auténticos figurones. Claro que hubo diferencias, es lógico. Pero el pundonor y sobre todo, el espectacular tercio de banderillas al sexto tuvo olor de apoteosis. Un toro que parecía, nunca terminó de romper. Todo quedó en una ovación
Y para ovación, la que la afición de Medellín le tributó a dos toreros subalternos. Ricardo Santana y Álex Benavídez. Enfilados en la cuadrilla de Castella. Cuajaron un tercio de banderillas para la historia, además, porque se picaron con sendos pafres en lo alto, queriéndose ganar la pelea. Los que terminaron ganando fueron los que tuvimos la fortuna de haberlo visto.
Ficha
Medellín, Plaza de toros La Macarena
Sábado 13 de febrero
Quinta de abono
Casi tres cuartos de entrada
Seis toros de La Carolina. Desiguales de presentación. Complicados. El quinto dio peleó en los medios sin terminar de entregarse, le dieron la vuelta al ruedo. Los demás tuvieron una molesta punta de violencia. Pesos: 480, 450, 465, 460, 450 y 455 kgrs
Enrique Ponce (Blanco y oro): palmas y oreja
Sebastián Castella: (Malva y oro): Saludo y dos orejas
Cristóbal Pardo (Esmeralda y oro): Silencio y silencio tras dos avisos.
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