El as de espadas de Jaramillo 

 

Texto y fotos 
Rodrigo Urrego B. 
Especial para PUERTA GRANDE

 

Cuando parecía que no había opciones, a causa de un descastado encierro de Pozoblanco, Julián Mateo Jaramillo sacó un as de su manga y no sólo encontró el triunfo. Y no fue un as cualquiera. Fue el as de aspadas.

Con esa carta desbarató de un solo golpe, así de contundente, todo lo que estaba previsto. Porque consiguió cortar una oreja y, su mayor conquista, ver su nombre en la terna del próximo 13 de agosto, en la que será la tercera novillada de la temporada de Verano.  

Sucedió en el último capítulo de la tarde. Una tarde pesada, pues muy pocas emociones emergieron del ruedo.

Jaramillo tenía delante un eral que, como el resto del encierro, corría desesperado buscando el refugio de las tablas. Sin importarle esa condición, quiso torearlo en redondo de rodillas, en los medios, pero pronto tuvo que irse detrás hasta la querencia por la que apetecía el animal.

Allí, muy cerca de la puerta de toriles, Jaramillo apostó por dejar la muleta en la cara y aprovechar las huidizas embestidas del de Pozoblanco, que por lo menos repitió lo suficiente para que el torero pudiera ligar varias series. Una de naturales tuvo expresión y buen trazo, siendo esta la cota más alta de su trasteo.

La gente se había alcanzado a entusiasmar. Pero faltaba el momento de sacar la carta. Jaramillo se perfiló sin reparar si el novillo estaba igualado. No le importó.La mirada del torero no se apartaba del morrillo. Hasta allí se fue, con el brazo bien estirado, y con una ambiciosa convicción que le permitió dejar el acero hasta la empuñadura, y en todo lo alto.

Una estocada que por sí sola merecía premio. Y que sin duda no es casualidad. Porque Jaramillo, en su primero, sólo pudo brillar con otra estocada de igual ejecución y efecto.

 

 

La oreja que paseó Jaramillo, por todo lo que había en juego, opacó lo escrito en el ruedo por Guillermo Valencia. El joven torero de Popayán demostró que esta puede ser una de sus últimas novilladas sin picadores. Su ascenso está más que cantado, y eso lo ratificó en Bogotá.

Se llevó el peor lote. El que abrió plaza, un castaño astifino y complicado, le avisó en tres oportunidades que no quería perseguir la muleta por el pitón derecho. Por ese lado, sólo lo motivaba la búsqueda del cuerpo del torero. Valencia optó por la muleta en la mano izquierda, ayudándose con el estoque, para robar muletazos imposibles porque, además, el novillo jamás humilló.

En el cuarto, Valencia brilló con un variado quite por caleserinas, muy ajustados, que tuvo un soberbio remate con una media verónica.

Guillermo también intentó plantearle pelea en los medios. Pero el de Pozoblanco jamás aceptó esa invitación. El torero tuvo que irse hasta la puerta del patio de cuadrillas y allí ofrecer sus muslos a cambio de alguna embestida. Valencia se lo pasó por todos los lados, buscando el triunfo al que estaba obligado. La espada entró hasta el segundo intento. Hubo petición de oreja, pero los pañuelos no fueron suficientes para el escrutinio del palco presidencial. El público rindió una gran ovación a un torero que conoce y que quiere.

Debutaba Alejandro Gómez y tampoco la tuvo fácil. Su lote se movía mucho, con dificultad y poca claridad, aunque el primero de su lote fuel el que sobresalió del encierro. Este ofrecía posibilidades, y Gómez intentó aprovecharlas. Pero el pecado fue no haber encontrado el sitio para ligar las series, algunas de ellas fueron desordenadas, pero el torero nunca volteó la cara.

El quinto se movió pero sin fijeza. Y eso que la lidia de Wilson Chaparro ‘El Piña’ (que cerró llevándolo a una mano casi que de tercio a tercio) le había enseñado el camino. Pero en la muleta fue otra cosa.  Sorprendía al torero que siempre quería hacer las cosas bien, al ofrecer la muleta siempre por delante. Gómez se la jugó con ese concepto,  pero el novillo requería otro tipo de recursos que, seguramente, el torero está en ese aprendizaje.  

 

Ficha 
Bogotá, plaza de toros de Santamaría
Domingo 7 de agosto de 2011
Temporada de Verano
Segunda novillada sin picadores 
Tres cuartos de plaza 

Se lidiaron seis erales de Pozoblanco. Salvo el segundo, de buena condición,  todos fueron descastados, huidizos y terminaron refugiándose en tablas.

Guillermo Valencia (berenjena y oro): ovación y ovación tras petición de oreja 
Alejandro Gómez (obispo y oro): palmas tras aviso y silencio tras dos avisos  
Julián Mateo Jaramillo (canario y oro): silencio y una oreja

Ricardo Santana saludó tras el tercio de banderillas del tercero. Magnífica brega de Wilson Chaparro ‘El Piña’ al quinto.