Perfil de un torero LAS BATALLAS DE VICTORIANO
Por PUERTA GRANDE
El viejo Cristóbal Pardo, ese torero modesto que en los años 70 y 80 hizo célebre el nombre del ‘Cordobés de los Pobres’, tendrá la satisfacción de ver a su segundo hijo tomar la alternativa.
Noel Pardo García, el segundo hijo de esta familia que va camino de convertirse en dinastía de toreros se doctorará en tauromaquia en la modesta plaza de toros de Pamplona (Norte de Santander). Y verá cumplido un sueño que lo emprendió, incluso, desde que su hermano Cristóbal soñaba con su propia alternativa.
Diez años atrás, cuando Cristóbal recorría las plazas de tientas de la ganaderías colombianas, su hermano Noel decidió acompañarlo. Y desde allí se convirtió en uno de esos tantos jóvenes del centro del país que esperaban su turno en la tapia para pegar unos muletazos de repaso.
En esos años tenía unas condiciones distintas a las de su hermano, y muy opuestas a las que hizo famoso a su padre en muchos pueblos del país. Su toreo era más reposado y sus detalles marcaban diferencia. Pero su camino, a pesar de contar con la compañía de su hermano, no sería el más sencillo. Es cierto que Noel, quien desde muy temprano decidió por el nombre artístico de Victoriano García, tuvo en sus comienzos un cartel esperanzador, con el tiempo las cosas se hicieron más complejas de lo que apuntaban.
Una de las primeras veces que vi en una plaza de toros a Victoriano fue una tarde de miércoles de 2002 en la plaza de madera y metal del pueblo más pequeño de Colombia: Busbanza. Ese día se lidió una novillada sin picadores de Dosgutiérrez, pero cuando llegó el camión, las cajas contenían cuatro toros que, por su tamaño y su cara de seriedad, pedían el castigo de los caballos. Alternaba con un joven novillero de Cali, de nombre Ricardo Rivera. Y los dos toreros, con la preocupación propia de estar en una plaza de un pueblo recóndito, no ocultaban su cara de preocupación. Opero echaron ‘pa’ lante’, eso sí, después de que hicieran su número los músicos que eran los atractivos del cartel.
Pero los dos jóvenes decidieron apostar, con ese afán de quien comienza, y se alternaban en la lidia. Victoriano bregaba con el capote, Ricardo ponía las banderillas, y viceversa. Ambos, cuando ya era de noche, salieron a hombros por un público que había llenado la plaza. Eran los comienzos. Victoriano García empezó a tener crédito entre los sencillos empresarios de los pueblos. Y su nombre empezó a sonar en novilladas aisladas y solitarias, esas que poco registran los medios taurinos. Fue un bagaje que le abrió las puertas de las novilladas promocionales de las plazas de primera. Llegó a Bogotá en el primer festival de Verano que organizó la corporación taurina de Bogotá. Eso fue en agosto de 2005. Un novillo de El Manzanal lo cogió de forma dramática, lo estrelló contra el estribo de las tablas, y cuando se levantó su rostro advertía lo peor. Su ojo no paraba de sangrar y así se lo llevaron a la enfermería.
Ese día las cosas cambiarían. Aunque el premio para él fue actuar en la novillada de la temporada grande de Bogotá, el triunfo fue esquivo y las oportunidades de demostrar sus condiciones poco aparecían. Vino el dilema. Seguir en la profesión o marginarse. Pero Victoriano, que como pocos jóvenes sabe lo que es vivir, sobrevivir, triunfar, y tropezar en el toreo, decidió seguir para adelante. Le propusieron pasarse a las filas de los de plata y ser el subalterno de confianza de se hermano Cristóbal, que empezaba a sumar y sumar festejos. La oferta parecía tentadora. Pero Victoriano se movía muy bien por los municipios y pueblos colombianos que apostó por seguir toreando, así se viera lejana una alternativa.
Quizás, apartando su regreso a las grandes plazas, Victoriano asimiló y comprendió que en ese mercado, que algunos llaman la provincia, se movía mejor que muchos. Los empresarios lo conocían y el torero daba espectáculo. Y así siguió el camino. En esos pueblos donde se llega en el único bus que supera un largo tramo de carretera destapada. Donde los hoteles se cambian por la casa más cercana a la plaza portátil. Ese camino que su padre supo recorrer, es el mismo que Victoriano asumió a caminar.
El año pasado, en esa expedición que hicieron varios toreros colombianos a Panamá, para la inauguración de su plaza de toros, Victoriano se inyectó de mayores ilusiones. La campaña del año pasado fue extensa para el torero, que sumó muchos y muchas tardes, incluso, vistiendo el traje de luces en muchos municipios del Tolima donde la casta de los toros sólo se encuentra en los cruces con el ganado criollo.
Ese fue el camino, las enseñanzas curtieron su trayectoria, y el premio llegará este domingo 4 de julio, cuando en la plaza de toros de Pamplona (Norte de Santander), Ramsés y el español El Capea le entreguen el título por el que tanto ha luchado: el de ser matador de toros.
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