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EN MEMORIA DE ‘SOBERANO’

 

Juan Solanilla fue el triunfador de la última corrida de Medellín al cortar la única oreja. Un bravo toro protagonizó la tarde. José Arcila estuvo firme y decidido y Andrés de los Ríos sólo brilló con el capote.

 

Por Rodrigo Urrego B.

 

 

Soberano’ había acaparado todas las miradas. Sus preciosas hechuras causaban admiración. De pelo cárdeno, lustroso; de manos cortas y muy finas; de mirada seria pero un halo de nobleza la acompañaba; y unos pitones que se extendían hacia adelante y luego apuntaban hacia el cielo.  

Todos, en el sorteo, no le quitaban la mirada. Los subalternos apuntaron su número, el 43 y lo subrayaron. Todos parecían custodiarlo, de reojo con su mirada. Como quien trata de vigilar un tesoro. Y que tesoro de bravura de nombre ‘Soberano’.

La suerte lo dirigió al tercer lugar. Y Juan Solanilla, un joven bogotano que debutaba en Medellín, tuvo la fortuna de encontrarlo en el ruedo. Y ‘Soberano’, quizás consciente de la expectación que había despertado, no dejó a nadie indiferente. Todo lo contrario. Defendió -con sus encastadas embestidas, la codicia por perseguir los engaños, y el deseo de crecer y crecer ante la batalla- la bandera de un encaste histórico, el Santacoloma.   

Desde que salió al ruedo no se cansó de perseguir. Pero no como una feria indomable. Sus virtudes, además, eran la clase, la calidad, el temple y la pausa. Todo empezó a verse con el vibrante saludo por verónicas de Solanilla. Pero las virtudes de ‘Soberano’ fueron subrayadas por la excelente brega de Wilson Chaparro ‘El Piña’.

 

 

 

Las manos de los aficionados no paraban de fritarse. Había ilusión. Juan Solanilla lo había visto. Y por eso se fue a los medios, esos terrenos donde –según los tratados de tauromaquia- los toros desarrollan mejor sus virtudes. Y sin probaturas, le adelantó la muleta y lo llamó. ‘Soberano’, fijo en un burladero, se percató de que alguien, vestido de luces, quería sacarle todo lo que llevaba adentro. El toro no lo dudó. Volteó su cuerpo, fijó su mirada y hasta allá, donde la tela roja apenas se movía, se fue con la alegría propia que sugiere el galope y la entrega.

Tuvo la tela roja en sus ojos. Y nunca se detuvo en su intento de perseguirla. ‘Soberano’ bajaba su cabeza, como tratando de oler el suelo, y jamás se quitó la muleta de su punto de mira.

Solanilla, con tales virtudes, tuvo todo para triunfar. Y lo consiguió. Su faena también tuvo virtudes, especialmente en sus formas, y en un par de series que tuvieron fondo. La plaza vibraba, sobre todo porque la transmisión de un toro encastado hace parar a cualquiera de sus asientos. Fue una faena larga. Y pareció que ‘Soberano’ no quería que se acabara. Lo suyo era perseguir, perseguir y perseguir, con codicia y calidad. Otra tarde, con otro público, hubiese sido determinante. Sobre todo, para que sus virtudes tuvieran descendencia. Pero los pocos pañuelos y los gritos no alcanzaron para el escrutinio del presidente. Solanilla lo mató como merecía su bravura. Una oreja selló su triunfo, pero la vuelta al ruedo para ‘Soberano’ fue muy poco galardón.

El encierro de Vistahermosa, bien presentado y parejo, no tuvo en su comportamiento la elevada intensidad de Soberano. Otro toro que se destacó fue el sexto. Nada fácil. Exigente porque sus muy lentas embestidas exigían firmeza. Solanilla plantó la cara y sin la espada hubiese sido efectiva hubiese salido a hombros.

El lote de José Arcila resultó ser el más deslucido. Su primero tuvo poca transmisión y su recorrido se reducía. Imposible encender emociones. El quinto, fue un toro muy interesante. Por que exigía más que la enorme disposición del torero. El toro escondía sus embestidas. Pero el torero, muy firme y entregado, además de bien colocado, consiguió arrancarle embestidas por el pitón izquierdo en dos series de gran mérito. Otro público la hubiese valorado como merecía. Arcila volvió a la barrera con sudor en su frente y con la frente en alto por una faena importante.

Andrés de los Ríos tuvo una tarde luces y sombras. Luces porque bordó el toreo a la verónica en el cuarto toro. Las siete verónicas con las que lo saludó fueron una demostración de que el lance fundamental del toreo de capa es una auténtica escultura. Vino luego un quite, con el capote a la espalda, en dos gaoneras muy puras e intensas. Pero las cosas se cayeron y ni el toro ni el torero pudieron descifrarse. Su primero también tuvo poco recorrido y Andrés poco material para revelar ese torero de estética que dejó con el capote.      

 

Ficha
Medellín, plaza de toros La Macarena
Sábado 20 de febrero de 2010
Última de feria
Casi media plaza

Se lidiaron seis toros de Vistahermosa, el segundo bis en calidad de sobrero. Bien presentados y de bonitas hechuras. De juego dispar. Muy bravo el tercero premiado con la vuelta al ruedo. Pesos: 465, 460, 460, 479, 474, 478 Kilos.

Andrés de los Ríos (fucsia y azabache): silencio y pitos tras dos avisos
José Arcila (celeste y oro): silencio y palmas
Juan Solanilla (perla y plata): oreja y vuelta al ruedo tras petición

Magnífica brega de Wilson Chaparro ‘El Piña’ al tercero. Saludaron en banderillas Andrés Herrera, Ricardo Santana y Hernando Franco.