GUADALAJARA: RICARDO RIVERA SUFRE GRAVE CORNADA CUANDO CUAJABA A UN SERIO TORO DE MARCO GARFIAS El torero colombiano Ricardo Rivera fue corneado de gravedad por el octavo toro de la penúltima corrida de la temporada grande en la Nuevo Progreso de Guadalajara. Rivera, quien cuajaba la mejor faena de la tarde a un serio toro de Marco Garfias, fue cogido de forma aparatosa por el toro que ya le había avisado la peligrosidad de su pitón izquierdo. El percance le destrozó el muslo izquierdo, arriba de la rodilla, y en tres trayectorias. El torero tuvo que ser intervenido en el Hospital San Javier. Actuaron Ignacio Garibay (Vuelta al ruedo y silencio), Luis Bolívar (palmas y silencio), Aldo Orozco (pitos y pitos tras aviso). Puerta Grande les ofrece las cronicas ofrecidas por la prensa mexicana.
“LA LÍNEA DE FUEGO DE RIVERA”: Crónica de Juan Antonio de Labra – Mundotoro México Fotos cortesía EMILIO MÉNDEZ (MUNDOTORO MÉXICO)
Cuando cuajaba una faena intensa al octavo toro de la tarde, el colombiano Ricardo Rivera sufrió una cornada grande en la pierna izquierda, a la altura de la rodilla, y el dramatismo de la Fiesta se vivió en su máxima expresión.Desde luego que uno nunca desea que ocurran desgracias, pero no deja de ser elocuente el hecho de que el toro se lidie con edad, íntegro, como este octavo ejemplar del hierro de Marco Garfías que tuvo un buen pitón derecho y no tenía un pase por el izquierdo.
Y fue precisamente por ese lado, en un arrebato de valor, cuando, al intentar ligar un muletazo cambiado por la espalda al pase de pecho, el toro le echó a mano a Ricardo, calándolo de fea manera al caleño. La gente que había en los tendidos se quedó impresionada, pues Ricardo había dejado un rastro de sangre a su paso, al tiempo que era conducido hacia la enfermería, que hizo pensar en una cornada más seria de lo que, por fortuna, terminó siendo. Pero al final la enseñanza es la misma: aquí un hombre sale a jugarse la vida y el toro a dar cornadas, que dicen, Dios es el que las reparte. Ahora le tocó al caleño, que había estado muy firme, entregado, en una faena vibrante y recia, donde el peligro asomaba a cada paso por el lado izquierdo. Y ejecutó pases señeros, con raza y temple, ligazón y verdad, hasta que ocurrió lo que se veía venir: la cornada. Y fue una pena porque Ricardo estaba cuajando al toro, en medio de la algarabía del público que alentaba su forma de torear. Lo que pudo ser un triunfo se convirtió en el reverso de la medalla. La lidia que dio a su primero también despertó expectación, ya que aprovechó la buena condición de ese cuarto, del hierro de San Marcos, para torear con la misma entrega que lo haría minutos más tarde, cuando resultó herido. Pero no pudo rematar la faena con el acero y echó a perder lo que había logrado. Este torero de tanto sacrificio; de lucha cotidiana y rabia a flor de piel, se mantendrá en la línea de fuego, pues nació para ser torero y es esa vocación tan grande la que lo sostiene hasta en los momentos de mayor zozobra, como el que vivió esta tarde en la plaza que le vio hacerse torero. Ignacio Garibay ofreció una actuación interesante, sobre todo en lo tocante a la lidia del toro que abrió plaza, un ejemplar de San Marcos de buen estilo, flojito de casta, pero noble y con calidad, al que le hizo una entonada faena que no pudo rematar con la espada. Al quinto lo toreó bellamente a la verónica, en una nueva demostración de que es uno de los mejores exponentes mexicanos de dicha suerte. Y el hondo toro de Marco Garfías terminó parándose y cortando el viaje, ante la insistencia de Ignacio, que nunca se aburrió de estar delante de aquel toraco. Una vez más su falta de contundencia con la espada le quitó la posibilidad de haber cortado algún trofeo que, en esta plaza, siempre tendrá un gran peso específico.
Luis Bolívar también salió a entregarse, sin importar nada ni nadie. Al primer toro de su lote le hizo un valeroso quite por saltilleras, y más tarde le robó pases de mérito al descastado castaño que embestía arrollando con peligro. Su profesionalidad lo sacó a flote en una tarde de compromiso, y si ya se había zumbado al segundo ejemplar de la corrida, también dio motivos al público para aplaudir en el quinto, un ejemplar deslucido, de San Marcos, al que dio dos espeluznantes péndulos en los medios en el inicio del trasteo.
Al final se metió en las tablas, lugar donde se refugió el toro, y enseñó su claridad de ideas, conocimiento de los terrenos y las distancias, en muletazos repletos de reciedumbre y entrega. Al igual que Garibay, Bolívar hoy tampoco estuvo fino con la espada y se fue de vacío, aunque sí dejó constancia de las cosas buenas que atesora. Aldo Orozco pechó con el peor lote de la corrida, compuesto por un primer toro muy complicado, perteneciente al hierro de San Marcos, y otro de Marco Garfias que embestía con poder y sin humillar. En ambos casos, el torero de la tierra se mostró dispuesto pero sin el rodaje suficiente para haber solventado con mayor eficacia la lidia de dos ejemplares nada fáciles. La presencia de los toros de ambos hierros, y el comportamiento de algunos en concreto, confirió a la corrida esa emoción e importancia que supone el toro con edad y cuajo. Y los cuatro toreros del cartel se vieron obligados a superar la adversidad, en una tarde de entrega absoluta en la que todos sudaron la ropa, y uno la tiño con su sangre.
Ficha Guadalajara, Jal.- Tercera corrida del aniversario de la fundación de la ciudad. Ignacio Garibay (verde botella y oro): Vuelta y división tras dos avisos al saludar, y palmas en el que mató por Rivera. Luis Bolívar (azul marino y oro): Silencio y palmas. Aldo Orozco (verde botella y oro): Silencio y pitos tras aviso. Ricardo Rivera (blanco y plata): Silencio y herido.
“LA TRAGEDIA ABORTÓ LA FAENA DE RIVERA”
Por Jesús Zárate Fotos cortesía EMILIO MÉNDEZ (MUNDOTORO MÉXICO)
La bravura seca y cruda de los toros con edad e integridad suponen siempre una dura aduana para cualquiera que vista el traje de luces, tal y como lo pudieron comprobar con un difícil encierro el cuarteto de matadores que comparecieron en un mano a mano México-Colombia.
Fue precisamente el colombiano Ricardo Rivera, con querencia en tierras tapatías, quien mejor escenificó la gloria y la tragedia que suponen enfrentar a un auténtico toro de lidia.
Al término de la tarde, cuando la corrida parecía condenada a la intrascendencia, rivera se encontró con Minero, de Marco Garfias, astado que le permitió instrumentar unas acompasadas verónicas. En el último tercio el astado le mostró al matador que poseía el tesoro del recorrido por el lado derecho, pero que también tenía un pitón izquierdo intratable. En dos tandas derechistas, de templada manufactura, el colombiano intentó rematar las series por el lado izquierdo y el toro se le coló peligrosamente. Justo cuando la faena se encontraba en su clímax, Rivera olvidó las amenazas de Minero y volvió a insistir en rematar una serie por el pitón izquierdo. El astado ya no perdonó, prendió a Ricardo y le infirió una amplia cornada arriba de la rodilla izquierda. El ambiente de tragedia, de cornada fuerte impregnó a la Nuevo Progreso. Ignacio Garibay tuvo que salir a darle muerte al toro que lucía un lustroso pitón izquierdo, señal inequívoca de que había calado la carne del colombiano, mismo pitón con el cual frustró la única oportunidad de triunfo grande de la tarde.
“LA CORNADA FUE GRANDE, DE TRES TRAYECTORIAS”
Redacción PUERTA GRANDE Fotos cortesía EMILIO MÉNDEZ (MUNDOTORO MÉXICO)
El torero colombiano Ricardo Rivera fue operado en el Hospital San Javier de Guadalajara de una cornada tres trayectorias que no revistió la gravedad que, en principio, el percance presagiaba. La intervención quirúrgica se prolongó por espacio de una hora y cuarenta minutos.
El matador de toros en retiro, Mariano del Olmo, actual apoderado del diestro colombiano, dijo a PUERTA GRANDE, que la cornada, “por fortuna” no fue grave como se presagiaba, “porque camino de la enfermería perdió mucha sangre”.
Del Olmo señaló que el torero probablemente sea dado de alta el jueves 18 de febrero, día en que empezará su recuperación. El apoderado del torero señaló que Rivera, tras la operación, se encontraba bien de ánimo, aunque lamentaba el hecho de no haberle podido cortar las orejas a su segundo oponente. La cornada interesó el tercio medio del muslo izquierdo, con un gran orificio de entrada, y los galenos comprobaron que la herida tuvo tres trayectorias, de 30, 25 y 20 centímetros respectivamente. Sin embargo, la cornada fue limpia y no comprometió el delicado paquete vascular que se encuentra en ese sector del muslo.
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