|
BOGOTÁ Y SU CATEGORÍA

El Juli, Sebastián Castella, P. H. de Mendoza, Alejandro Talavante, Diego Urdiales e Iván Fandiño, son nombres que hacen parte de la temporada bogotana 2012
|
Desde aquel 8 de febrero de 1931, cuando Manolo Martínez, Ángel Navas ‘Gallito de Zafra’ y Mariano Rodríguez inauguraron la plaza de toros construida gracias a la gestión del ganadero Ignacio Sanz de Santamaría, en un festejo presidido por el mandatario Enrique Olaya Herrera, la Santamaría se convirtió en el principal escenario taurino de América.
La escala o el refugio del invierno obligado para las figuras del toreo. Desde Domingo Ortega, pasando por Manolete, Carlos Arruza, Luis Miguel ‘Dominguín’, ‘El Litri’, Julio Aparicio, Paco Camino, ‘El Cordobés’, Palomo ‘Linares’, ‘El Viti’, ‘Espartaco’, César Rincón, ‘Joselito’, Enrique Ponce, José Tomás o Morante de la Puebla, todos los toreros más importantes han pisado el dorado ruedo capitalino.
La Santamaría no sólo ha sido escenario de hitos históricos en la tauromaquia, también es una de las cuatro plazas en el mundo (junto a Madrid, Nimes y México) donde se debe confirmar la alternativa, es decir, certificar el título de matador de toros.
Esa tradición y prestigio de más de 80 años sigue vigente. Y el mejor ejemplo es la temporada 2012. Seis corridas de toros hacen parte de la temporada. Seis tardes con muchos alicientes. Seis carteles, los mejor rematados del país.
Cuatro son las principales cartas de la temporada bogotana. El regreso de Pablo Hermoso de Mendoza, el nuevo ídolo de la Santamaría, más aún después de haber protagonizado el histórico triunfo del 23 de enero de 2011, cuando cortó cuatro orejas y un rabo, y cuya presencia se convirtió en todo un auténtico acontecimiento social en la ciudad.
Además, estarán El Juli, Sebastián Castella, Alejandro Talavante, Daniel Luque, David Mora, Iván Fandiño, Diego Urdiales, Luis Bolívar, Sebastián Vargas, Ramsés, Juan Solanilla, Santiago Naranjo.
Una nómina conocida. Sin muchas novedades. Pero combinadas en seis carteles de trascendencia gracias a una virtud que los empresarios tuvieron para mantener el prestigio: talento y criterio taurino.
|