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EL JULI, CASTELLA Y VARGAS SE REPARTEN CINCO OREJAS
Rodrigo Urrego Bautista
Cinco orejas se cortaron en la primera corrida de la temporada taurina en Bogotá. El español Julián López ‘El Juli’ y el francés Sebastián Castella, cortaron dos apéndices a quinto y sexto respectivamente, mientras que el colombiano Sebastián Vargas cortó una del cuarto.
Se lidió un magnífico encierro de Las Ventas del Espíritu Santo, ganadería de César Rincón. Seis toros muy serios de presentación y de muy buen juego, pese a que los lidiados en segundo y tercer lugar no valieron, el primero de ellos porque se lesionó en el ruedo, y el otro, porque no tenía las fuerzas suficientes para embestir con emoción.
Por eso la segunda mitad de la corrida valió para elevar la grandeza del festejo. Primero gracias a la tauromaquia de una máxima figura del toreo como El Juli, que hace varios años no cuajaba un toro a placer con la contundencia de su toreo.
El Juli, que supo cuidar al quinto de la tarde en los dos primeros tercios, interpretó una faena de esas que trascienden para la historia. Negrito, como se llamaba el toro, tenía fijeza y mucha calidad como principales virtudes. Una materia prima ideal para el torero madrileño que se puso a torear con lentitud y profundidad asombrosas.
Los muletazos con la diestra fueron soberbios por el po0deroso trazo del torero. Pero con la muleta en la mano izquierda y al natural. El Juli atornilló sus zapatillas en la arena para no moverse. Echó la muleta muy abajo y se trajo muy toreado al animal. Fue una serie cumbre, en la que se contaron hasta siete naturales de esos que levantan a la gente de los tendidos y con la piel erizada. Y luego, hubo momentos de toreo inspirado, de recortes graciosos y muy toreros. Por ejemplo, unos molinetes por bajo, ligados, que en las manos del torero parecieron trascender a suerte fundamental. Faena histórica.
La espada, ejecutada con contundencia, se la tragó el toro fiel a su condición de bravo. Se fue a morir en la mitad del ruedo bajo una gran ovación y una lluvia de pañue
los blancos que reclamaban los máximos trofeos. Dos orejas para El Juli y vuelta al ruedo en el arrastre para Negrito.
El segundo de la tarde, ovacionado por su seriedad tan pronto se asomó al ruedo, era el toro para El Juli. Porque embestía con emoción y calidad, galopaba tras los engaños con fijeza y bravura. Pero se lastimó una mano al inicio del tercer tercio. El Juli, decepcionado, se lamentaba de la suerte de un toreo que había apuntado todo para pasar también a la historia de la plaza bogotana.
A Sebastián Castella parece no haber otro torero que lo pique tanto como El Juli. Y por eso, en el sexto, salió a dar réplica y apoderarse de la tarde. El guión tuvo la novedad de un quite por saltilleras, ajustado y templado, y luego un inicio de faena con la muleta con una estrategia muy conocida, el cambiado por la espalda que permite elevar las emociones.
Aunque el toro tenía una tendencia a buscar las tablas, el torero francés supo sujetarlo en la mitad del ruedo. Allí los muletazos con la diestra fueron ligados y templados. Pero la cima de la faena alcanzó su lugar con un par de series al natural que tuvieron fino trazo. Luego, con la plaza convertida en un manicomio, acortó las distancias entre su cuerpo y los pitones del toro. Y el pisar esos terrenos comprometidos le permitieron ligar circulares invertidos que aumentaron los decibeles de emoción. Fue una faena llena de estética y belleza.
El colombiano Sebastián Vargas no pudo acompañar a sus alternantes en la salida a hombros. La razón, esa espada que era una de suertes conquistadas, esta vez lo traicionó. Porque pudo cortar una oreja del primero, otro toro con calidad, al que banderilleó con espectacularidad y al que lidió de forma templada. Hubo muletazos que también tuvieron mucha calidad.
El cuarto también tenía muchas opciones, aunque sus embestidas no tenían la suficiente transmisión. Pero Vargas no sólo estuvo dispuesto sino que lideró una lidia muy acertada, sustentada en el toreo fundamental en series que también merecieron admiración. Cortó una oreja porque tuvo que recurrir al descabello.
Ficha
Bogotá, plaza de toros de Santamaría
Primera corrida
Casi lleno
Seis toros de Las Ventas del Espíritu Santo. Muy serios de presentación, con un trapío digno de la categoría de la plaza. De juego desigual aunque todos con buenas condiciones. Fijeza y calidad fueron sus principales virtudes. El quinto fue premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre. Primero, cuarto y sexto muy ovacionados.
Sebastián Vargas, saludo desde el tercio y una oreja
El Juli, silencio y dos orejas
Sebastián Castella, silencio y dos orejas.
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