EMOCIÓN, TOREO Y PUERTA GRANDE

 

 

La emoción se asomó por la puerta de toriles. Llegó de la mano de seis toros de Mondoñedo, serios de presentación, encastados aunque con complicaciones. Seis toros que vendieron caro su sacrificio, porque sus embestidas eran exigentes, y pedían manos poderosas para poder resolverlos. Pero a los que les faltó buenos finales porque desarrollaron sus virtudes en los dos primeros tercios.  

Pero además de la emoción que generaron, las complicaciones eran superiores para los tres toreros colombianos porque debían imponerse a un ambiente a la contra, pues la afición, que ocupó los tendidos en algo más de la mitad de su aforo, tomó inmediato partido por los toros, pero haciendo caso omiso a sus malos finales.

Con esas circunstancias, Luis Bolívar, la carta fuerte del cartel, estaba obligado a salir a hombros. No tenía otro camino. Y al final se fue a hombros por ese sendero que venía buscando.

Bolívar lo consiguió tras imponerse ante la fiereza de sus oponentes. Más del quinto de la tarde, un castaño que embestía como un tren y al que era muy difícil dominar. Luego de una extraordinaria vara de Luis Viloria, Luis apostó más por la capacidad que por la finura. Pero esa era la receta para imponerse.

 

Y en ambos toros consiguió series en las que impuso su capacidad. Su primero pasó más tiempo echándose arena sobre sus lomos. Pero cuando decidía moverse lo hacía con gran transmisión, por arreones que el colombiano supo conducir con temple y dominio.

El quinto también se fue apagando y la faena no alcanzó mayor nivel. Pero la contundencia con la espada fue vital para que el torero se mostrara superior. Una oreja en cada turno fue el premio que le valió salir con la cabeza en alto. Y por la puerta grande, el único camino que se le permitía en esta tarde definitiva, aunque en su interior sabrá que su triunfo fue más fácil de lo que esperaba.   

Ramsés la tuvo más cuesta arriba. Porque su lote fue el más fiero, el de mayor trapío, y el más complejo. La gente pronto tomó partido por el toro y le hizo un ambiente hostil. Al punto que lo protestaron en el primero ante un toro que se vino a menos, se paró sin ambición, pero al que el torero le costó cogerle el sitio y sus probaturas deslucieron más la actuación.  

Pero en el cuarto llegó el toreo. Un toreo con mayúsculas. También con la gente en contra, Ramsés remontó la situación con dos argumentos, ponerse en un sitio comprometido, y pasarse las impetuosas embestidas lo más cerca de su cuerpo. Aguantó ese trago difícil y se impuso gracias a series muy poderosas, con un valor auténtico y sin trampa, y con un trazo digno de admirar. Hubo petición de indulto. El torero con acierto buscó la estocada. El toro, bravo, aguantó en pie lo indecible y el ambiente se enfrió, para el torero, pues la gente se aferró al de Mondoñedo.

La gente quiso premiar al torero, pidió la oreja, que deberían ser dos, pero la presidencia negó una faena rotunda, que tuvo el único manchón de un desarme, pero fue porque el toro pisó la muleta, y no por falta de temple. Una vuelta al ruedo de peso fue la que dio el torero, aunque los miembros de las peñas taurinas, sin ningún criterio, se atrevieron a protestar al bogotano que con su toreo les había tapado la boca. Faenón de Ramsés.

Santiago Naranjo no encontró en su tauromaquia la fórmula para sacarle partido s otros dos toros imponentes. Todo lo contrario, se vio incapaz y muy pordebajo de las condiciones, Los toros se fueron inéditos.

 

FICHA DEL FESTEJO.- Seis toros de Mondoñedo, muy bien presentados y enrazados, emocionantes en los dos primeros tercios pero que se vinieron abajo. Se le dio la vuelta al ruedo en el arrastre al cuarto, y el resto fueron ovacionados.

Ramsés: estocada (división de opiniones) y estocada contraria (vuelta al ruedo tras aviso y fuerte petición)
Luis Bolívar: estocada caída (una oreja) y estocada tendida (una oreja)
Santiago Naranjo: estocada desprendida (silencio) y estocada caída (silencio)