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IMPONERSE A LA DUREZA
Por
Rodrigo Urrego
Fotos Cortesía Mario Franco y Diego Caballero |
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Una tarde marcada por la dureza. Dureza de los toros de Mondoñedo, que volvían a ser lidiados en su plaza, y dureza por parte de un reducido -pero muy bullicioso- sector de público que quiso encontrar bravura donde había cosas muy distintas, como el genio y la rabia.
Y por eso los toreros que asumieron el reto de lidiar un encierro, que siempre se ha conocido por su dureza y exigencia, sacaron la cara y pudieron irse con ella en alto. Porque las lidias que imprimieron jamás estuvieron más acordes con lo que había en el ruedo, y no con lo que algunos querían ver desde el tendido.
Más allá de puntos de vista, que todos son respetables siempre que se manifiesten con respeto, la tarde encontró un capítulo muy emotivo. Llego de la mano de ‘Bienvenido’, el cuarto de la tarde, y Sebastián Vargas, el triunfador de la tarde.
Buenos augurios produjeron sus hechuras, fieles al sello de Mondoñedo, y su pelea en el caballo donde aceptó con buenas maneras un extraordinario puyazo de Edgar Arandia. Del peto salió con intenciones de arrancarse de largo. Y Sebastián Vargas aprovechó esa cualidad para exponer en un soberbio y emocionante tercio de banderillas, en el que siempre esperó la arrancada larga e impetuosa del toro, para salir en tres pares de mucho compromiso.
El guión estaba preestablecido y Vargas optó por darle continuidad. Lo dejó venir de largo, no solo en el estremecedor cambiado por la espalda, sino al inicio de todas sus series en redondo.
El toro empezó a imponer. Su comportamiento crecía gracias a la generosidad del torero que siempre le dio ventajas, y siempre permitió que sacara lo que tenía adentro: movilidad y transmisión. Algo que quizás olvidaron, o no fueron capaces de apreciar, quienes desde siempre quisieron encontrar en el toro al triunfador de la batalla, porque eso fue la lidia del cuarto, una auténtica batalla.
Pero Vargas siempre lo intentó, y dejó cosas sorprendentes, dignas de subrayar. Primero, hubo muletazos largos y templados, especialmente con la mano derecha. Incluso, unos, casi los finales de la serie, en el que el cuerpo del torero se veía muy relajado. Y una serie, la penúltima, que estuvo ligada y compuesta por ocho muletazos muy intensos. Es cierto que la faena vino a menos, pero la labor había estado a la altura, como quedó la estocada. Oreja, más que meritoria, que algunos quisieron reducirla y protestarla, mientras exigían la vuelta al ruedo a un toro que transmitió mucha emoción, pero que protestó y no humilló cuando el torero, especialmente al natural, quiso llevarlo muy abajo.
La primera parte de la corrida tuvo un común denominador. La falta de casta. El primero, bien picado por Cayetano Romero, no aguantó, incluso tuvo poca vergüenza y en varias ocasiones prefirió darle la grupa al torero e ir en busca de las tablas. Segundo y tercero no tuvieron clase. Es más, se aferraron mucho al piso, y los muletazos que los toreros españoles interpretaron fueron arrancados.
Uceda Leal, con el segundo, dejó detalles, muy buenos, de una tauromaquia elegante, pero contados y no muy cantados por el público. Dos verónicas para enmarcar y una media para admirar. Con la muleta hubo dos series en redondo, completas, con muletazos de excelente trazo, y luego detalles, recortes muy airosos, mientras el toro se vino abajo pronto.
El tercero sorprendió por sus “bonitas” hechuras. No tan fieles a ese sello tradicional de Mondoñedo. Y su comportamiento no fue para echar cohetes. Es cierto que recargó en el caballo, pero en la muleta también se pegó mucho del piso, y cuando embestía, no tuvo continuidad. Matías Tejela estuvo soberbio en este turno. Primero porque arrancó muletazos de otra tarde, de excelente trazo y de gran composición estética. Muy valientes, porque para ligarlos tuvo que plantar sus zapatillas en la arena y aguantar uno que otro amague. Este toro, a pesar de las dificultades, tuvo buenas condiciones a la hora de perseguir la muleta. La serie de naturales fue tan meritoria y sin macha.
En el epílogo de la tarde, los toros fueron muy acogidos por el público. El quinto, grandullón y de aparatosas hechuras, no tuvo clase. Uceda se sintió muy incómodo con él. Lo mejor, el gran puyazo de Luis Carlos Pedroza.
El sexto, el que mejor peleó en el caballo, no porque se estrellara con violencia, como la mayoría, sino porque aceptó el castigo con la cara muy humillada en el peto. Luis Viloria estuvo a la altura. Parecía que todo se consumaría en éxito. Pero el toro cambió. Repitió en los doblones, muy toreros, de Tejela en el inicio. Pero después no tuvo recorrido, sólo medias arrancadas y una orientación muy peligrosa.
Ficha
Bogotá, plaza de toros de Santamaría
Domingo 7 de febrero de 2009
Cuarta de abono
Dos tercios de entrada
Se lidiaron seis toros de Mondoñedo, el sexto como sobrero. Muy desiguales de presentación y de muy duro juego. Con movilidad y mucha transmisión el cuarto, al cual le dieron la vuelta al ruedo en el arrastre. Pesos: 461, 447, 458, 447, 502 y 452 kgrs.
SEBASTIÁN VARGAS (sangre de toro y oro): silencio y una oreja
UCEDA LEAL (vede oliva y oro): saludo desde el tercio y algunos pitos
MATÍAS TEJELA (perla y plata): saludo desde el tercio y algunos pitos
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