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Barcelona 25 y 26 de septiembre del 2010
DE LO RIDÍCULO A LO SUBLIME.
Por Nicolas Sanpedro

Serafín Marín
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Como casi siempre, la imagen más grotesca es la que queda en la memoria del aficionado por lo que voy a comenzar, por lo que me causó una profunda vergüenza ajena.
Fue la patética imagen de dos políticos catalanes que se autoproclamaron triunfadores y salieron a hombros junto con El Cid y Serafín Marín en la tarde del domingo. En Cataluña suelen pasar estas cosas. Por ejemplo el día nacional es para celebrar que perdieron una batalla al caer Barcelona en manos de las tropas Borbónicas durante la Guerra de sucesión Española. Pues esto mismo es lo que estos señores hicieron el domingo; después de que los mismos políticos prohibieran las corridas de toros en esta comunidad, se autoproclaman triunfadores no se de que cosa; lo peor es que hay quien les aplaude.
Supongo que la fecha no quedará en sus engrandecidas memorias como el día de la gran faena de un inspiradísimo torero catalán, sino mas bien el día que las masas los cargaron a hombros y los pasearon al grito de “Torero, Torero”.
Pero como casi siempre no es siempre, afortunadamente los mejores recuerdos vienen de un pletórico Morante de la Puebla, un inspiradísimo Serafín Marín y el recuperado Cid.
En el fin de semana de la Merced que ahora los empresarios lo quieren llamar “feria de la Libertad” vimos al Tato que al final de su actuación se llevó una cornada en la axila de tres trayectorias, pero una actuación seria con ganas y mucha cabeza.
Dejó buen ambiente, mas con la responsabilidad que era sustituir a José María Manzanares.
El Fandi pasó de puntillas por la feria. No recuerdo ni sus pares de banderillas.
A Paquirri, se le vieron muchas ganas con un gran lote de Jandilla, pinchó su segundo toro perdiendo la oreja; pero dejó en el ambiente cierto misterio de poder ver su segundo toro en otras manos.
El Cid, con un noble Jandilla salido en quinto lugar en la corrida del domingo, ejecutó una gran faena llena de entrega de torero con un bien presentado toro al que le costaba humillar. Todo se prestaba para que el de Salteras saliera como triunfador de la tarde con las dos orejas de este toro, cuando saltó el más serio de la corrida que correspondió a Serafín Marín. Con el capote el catalán lanceó al Jandilla a la verónica dejándolo en el mismo centro de la plaza. El toro se entregó de largo en el caballo y recibió dos pequeños puyazos muy traseros. Serafín con la muleta basó su faena sobre la mano derecha donde el toro desarrollaba mas su bravura; pero su temple no fue suficiente para componer su descompuesta embestida, claro por poner un pero a un extraordinario animal. El toro fue indultado y el diestro paseó las orejas y el rabo en compañía de El Cid y los políticos que intentaron hacer suya la fiesta sin dar un solo muletazo.

Morante de la Puebla
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Los aficionados después del gran triunfo de Marín, repitieron el paseo mágico a hombros, por más de tres kilómetros de la plaza al hotel, que un día antes protagonizara el torero con arte más poderoso de la historia reciente del toreo. Morante de la Puebla.
El torero de la Puebla del Río, protagonizó los mejores pasajes de la tarde del sábado en el toro que hizo quinto. Morante lo obligó dentro de su nobleza en el mismo tendido 5 donde dos años atrás desorejó otro toro en la Monumental.
Una faena seria, honda y rematada en lo alto puso las orejas en sus manos. Una salida a hombros que no se recordaba desde épocas de Manolete, Arruza o Mario Cabré; pero lo importante fue el paseo triunfal a hombros de cientos de costaleros volcados al grito de torero, torero; Cataluña si es taurina y palmas por bulerías. Morante en ningún momento perdió la compostura, más bien se dejó llevar y disfrutó sin duda de una las tardes mas inolvidables de su carrera.
Al llegar al hotel, tiró el capote de paseo al público que lo acompañó hasta el ascensor y dejó el recuerdo de un gran día en la memoria de cada uno de los que tenemos el privilegio de contarlo.
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