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APOTEOSIS DE PARDO Y VARGAS QUE SALIERON A HOMBROS. PIRAQUIVE, UNA OREJA


Texto y Fotos
Rodrigo Urrego B.
Ibagué
Especial para Puerta Grande

 

Pardo y el ganadero Juan Manuel Patiño

Hacía tiempo que la afición de Ibagué no se desbordaba en emoción con una corrida de toros. Prueba de ello fue la apoteósica salida a hombros de Cristóbal Pardo y Sebastián Vargas y la despedida a Jorge Piraquive. La gente no se movía de la plaza, no paraba de aplaudir, como si en ese gesto intentara evitar el final de la corrida.

Todo empezó con un encierro serio y muy bien presentado de Aguas Claras, el hierro de Juan Manuel Patiño. Desde que asomaban por la puerta de chiqueros, partiendo plaza en la mayoría de los casos, el público los recibía con una exclamación de júbilo. Y luego, los tres toreros derrocharon actitud y mucha ilusión para cautivar los tendidos.    

El gran triunfador de la tarde fue Cristóbal Pardo. Reaparecía tras cinco meses de obligada inactividad, tiempo que nunca se notó. Cortó cuatro orejas tras dos faenas en las que combinó pasajes de muy bien toreo, con muestras de entrega y emoción.

 

El segundo de la tarde persiguió con claridad la muleta de Pardo, quien supo conducir con buen trazo las embestidas del animal. Dos series por el pitón derecho fueron notables. El epílogo, muy cerca de los pitones, terminó por desbordar los ánimos en el público, que tras una gran estocada no se cansó de pedir las dos orejas.

El cuarto, un castaño de imponente trapío, tuvo calidad en sus embestidas. Pero su defecto fue echar miradas a los terrenos más próximos a las tablas. Eso supuso para Cristóbal una exigencia añadida, porque tuvo que utilizar su técnica para impedir que el toro se fuera de su muleta. Y cuando lo consiguió, reunió series notables, hubo naturales de fino trazo. Otro gran volapié precipitó la concesión de las dos orejas.

Ante tan resonante triunfo, Sebastián Vargas parecía herido en su orgullo de torero. Y por eso, ante el cuarto, salió al ruedo como un “perro de presa”. Inició con un arriesgado y emocionante saludo con el capote, larga cambiada incluida. Y luego volteó la plaza boca abajo con un impresionante tercio de banderillas, en el que siempre citó a larga distancia y esperó al toro que se arrancaba con intimidatoria codicia. Le obligaron a poner un cuarto par.

 

Con la muleta, el tono mantuvo la emoción por las nubes. De rodillas, y en los medios, citó al toro que se zambulló con casta tras el engaño. Surgieron series de buen toreo. Y de nuevo, la zurda de Sebastián Vargas que en Ibagué volvió a brillar. Hubo petición de indulto. El ganadero Juan Manuel Patiño, desde su palco, no se dejó embriagar de la emoción y sugirió matar al toro. Y vino un volapié de categoría. La gente pedía hasta el rabo. Al final Sebastián paseó dos orejas.

El que abrió plaza, otro toro de imponente trapío, desarrolló más complicaciones. Sin embestida franca y con muestras de que sabía hasta latín. Vargas le plantó cara y lo reventó en dos series con la diestra, poderosas. La espada no quiso entrar.

 El rejoneador Jorge Enrique Piraquive no quiso quedarse atrás. Y salió a triunfar ante dos toros de muy diversa condición. Mejor el tercero. Más colaborador y perseguidor. En este toro Piraquive clavó con limpieza y pudo torear de costado. Las suertes fueron muy acogidas por el público. Esta vez estuvo certero con el rejón de muerte y paseó una justa oreja. El que cerró tarde pocas opciones entregó.

Ficha

Ibagué, plaza de toros Pepe Cáceres
Domingo 21 de junio
Dos tercios de entrada

Se lidiaron seis toros de Aguas Claras. Muy serios de presentación y de buen genio en general. Destacó, por su codicia y encastadas embestidas, el cuarto, al que le pidieron el indulto y fue premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre.

SEBATIÁN VARGAS (nazareno y oro): silencio y Dos orejas tras fuerte petición de rabo.
CRISTÓBAL PARDO (Obispo y oro): Dos orejas y Dos orejas
JORGE ENRIQUE PIRAQUIVE (rejoneador): Una oreja y gran ovación

 

 

 

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