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EMBRUJO ESPAÑOL’, UN FESTIVAL QUE SUEÑA CON SER TRADICIÓN

 

Texto
Rodrigo Urrego B.

 

La luna llena es el pretexto. El flamenco, uno de los argumentos. Y el toro bravo la principal razón. Esos son los componentes del ‘Embrujo español’, un festival taurino que en poco tiempo se ha convertido en una cita clave del calendario taurino colombiano.

Este sábado 31 de julio, la última noche de luna llena del séptimo mes del año, “con el permiso de una guitarra gitana y si el brillo de la luna lo permiten”, se lidiarán un toro de Santa Bárbara y otro de Achury Viejo para el matador Juan Solanilla y el novillero Juan del Mar, y bailarán los caballos lusitanos del rejoneador Andrés Ruiz.

Será la tercera edición del ‘Embrujo Español’, un sueño que Ricardo Arboin tenía desde pequeño y que no sólo lo pudo cumplir, sino que ya tiene forma de tradición.

La afición a los toros de Arboin nació en el seno de una familia muy vinculada al toro bravo. Su padre, Leslie Arboin, fue uno de los pioneros de la inseminación artificial en el campo bravo colombiano, y gracias a ello, Ricardo y sus hermanos conocieron el toro de lidia y se enamoraron de él.

 

 

Habitual aficionado de la plaza de toros de Santamaría, Ricardo tuvo hace varios años la idea de hacer una réplica de la feria de Sevilla en el club Los Pinos, en la sabana de Bogotá. Todo estaba dispuesto, pero en 2004 el ICA se vio obligado a impedir el transporte de caballos por el brote de la epidemia de gurma. El caballo era uno de los protagonistas del sueño, y por esa circunstancia, el festival tuvo que aplazarse.

 

Luego, su amistad con el entonces novillero Juan Solanilla llevó a que el sueño tuviera alas. En 2008, el primer festival se hizo con el propósito de recoger fondos para que Solanilla viajara a México. Jorge Pradilla, gerente de El Pórtico, se sumó a la causa, y gracias a él, en esa plaza de más de 40 años, por primera vez se lidió a muerte un toro bravo.

 

El ganadero Carlos Barbero ha sido otro de los motores de este festival, un toro de su ganadería, muy bien escogido, por hechuras y reata, siempre ha sido protagonista. En esa primera luna llena actuaron Héctor José y el rejoneador Francisco Javier García, que tentaron vacas de Icuasuco y Vistahermosa.        

En 2009 el éxito del primer festival superó las expectativas en su segunda edición. Esa vez se lidiaron toros de El Paraíso y estuvo el rejoneador Andrés Ruiz.  “La gente empezó a ver que el festival tenía categoría y empezó a creer en nosotros. Lo que buscamos es defender la fiesta invitando a taurinos y no taurinos a ver lo grande que es y todo lo que lleva por detrás y así dar un grano de arena para mantener nuestras tradiciones”, dice Arboin.