EL DIA DESPUÉS: EL PRIMER DÍA POR LA LIBERTAD
Por Nicolás Sampedro Miembro de la junta directiva de la Plataforma para la difusión y promoción de la Fiesta
La mañana del 29 de julio del 2010 amaneció con todos los titulares de prensa dedicados a la abolición de las corridas de toros en Cataluña. España entera y gran parte del mundo se dedica al asunto.
Aún no creo que despierto en la ciudad de las libertades, de la república, de las mentes abiertas. Tampoco creo que los mismos partidos políticos que promovieron la república, y se han declarado contrarios al régimen fascista de la difunta dictadura -que restringió la libertad en la forma de pensar, opinar y hablar-, son los culpables de que hoy, el día después, nos levantemos en Barcelona sin la manifestación más representativa de la cultura de España, promoviendo con su actitud todo lo contrario por lo cual fueron creados. Desde que en los años noventa se prohibieron las plazas portátiles comenzó la persecución a la Fiesta. Ya en este siglo, el prohibir la entrada a menores de 14 años y la declaración como ciudad antitaurina del ex alcalde Joan Clos, fueron ataques superiores.
Hoy, parece mentira que antes de la guerra funcionaran tres plazas de toros y que las tres se llenaran al mismo tiempo. Pero en julio de 2010 La Barceloneta no es más que un mercado en ese mismo barrio que lleva su nombre. La fachada de Las Arenas aspira a ser la parte “bonita” de un centro comercial, ¿Y la Monumental…? De la Monumental no se sabe nada, más que una noticia en la radio en la que un multimillonario árabe que aprovechando la coyuntura manifestó su interés de convertir la plaza en mezquita. ¡Vaya solución! Posiblemente sea regalar tradición peninsular para abrirse de piernas a pasados dominios. Me levanto en la ciudad de Joselito, de Lluis Companys, de Domingo Ortega, de Manolete, de Luis Miguel, de Chamaco, de Bernadó, de José Tomás, del Barça, de la butifarra, del cava, de Paul Gasol, de Esquerra Republicana, de Prou (Basta en Catalán), de la única Monumental llamada Monumental; la ciudad para “todos” en la que mandan pocos, la ciudad del autoritarismo y cuna de lo políticamente correcto. ¿Que nos queda? Seguir luchando, llevar la prohibición al Tribunal Constitucional, que es el mismo Tribunal que hace unos días trasquiló el estatuto de autonomía que tanto mal le hizo, indirectamente, a la fiesta de los toros. Es el día después, pero también es el primer día para recuperar la libertad.
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