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Feria de Bilbao

ANGUSTIA Y TRIUNFO

 

Agencia EFE

 

Espeluznante la secuencia de la cogida de Aguilar. El toro le había herido ya en el muslo izquierdo, sin coladas previas. La siguiente fue para meterle el mismo pitón por el cuello. Estampa terrible. Ninguna de las dos veces a caer al suelo, pero en la segunda, el tiempo que lo tuvo zarandeándole fue espantoso.Se temió lo peor. El recuerdo de Julio Aparicio, la tarde del 21 de mayo, en la última feria de San Isidro, cuando más que un percance ocurrió un milagro, salvando la vida después de entrarle el pitón por sitio parecido y asomándole por la boca.

Pero las palabras del médico una hora después fueron definitivas: "No hay urgencia vital".

El percance había puesto la tarde casi en situación de imposible para los toreros, pues la corrida estaba saliendo amplia y extremadamente astifina, como se ven pocas en la temporada.Hasta que no llegaron noticias esperanzadoras de la enfermería no se recobró la confianza. En realidad el único toro complicado, y sólo por el pitón izquierdo, había sido el del percance. El resto, sin dificultades insalvables, cuando quisieron los toreros, respondieron todos.

Precisamente Bolívar, por disposición, se llevaría el gato al agua en el quinto. Cuantas veces le puso la muleta, ahí estuvo el de Alcurrucén. Esperándole, despacito, muy quieto, acertó a llevarle largo. Dos tandas a derechas, y en la tercera al natural la faena en su punto culminante. Tocó la música y todo. Toro y torero en perfecta sincronización, algo que parecía imposible en el contexto que arrastraba la tarde.

 

 

Fue cuestión de ponerse en el sitio. Y aunque a partir de ahí el toro se vino un poco abajo, sin "rajarse" del todo pero pidiendo tablas, todavía Bolívar se permitió un parón muy a modo. La estocada dio paso a la oreja.

Y pudo redondear Bolívar aún más si no llega a fallar a espadas en el toro siguiente, éste con más "transmisión", siguiendo los engaños con codicia, y nobleza, por abajo, los viajes largos y "abriéndose" lo suficiente entre pases, engarzados éstos sin necesidad de rectificar posiciones.

Bolívar lo cuajó en el más amplio sentido de la palabra. Dos tandas a derechas y una al natural con desarme en el remate de esta última, pero sin perder un ápice de interés, como lo prueba que no calló la música. Y siguió la faena, espléndida en lo fundamental, alternando ahora las dos manos, insistiendo sobre la zurda para cerrar con una a derechas de verdadero primor.

Estaba al caer un triunfo grande, que quizás no hubiera sido de dos orejas por lo complicada que es esta plaza, o dicho con más propiedad su presidente Matías González, para conceder el doble trofeo, hasta el punto de tener que consultar en los anales un triunfo así. Pero en cualquier caso pudo ser de oreja importante si no se atasca la espada.

La actitud de Bolívar había enderezado una corrida que empezó en la cuesta abajo con Barrera, que no quiso ver al primero, dejando que lo masacraran en varas.

Tampoco en el cuarto hubo compromiso de faena a pesar de que el toro se desplazó mucho y bien aún llevando la cara a media altura.

El mismo Bolívar dudó mucho en su primera faena antes de hacerse con la situación y conseguir que el toro terminara asimismo entregándose.

Aguilar fue en todo momento la disposición, la quietud y la firmeza, y hasta el poderío. Toreó con mucho ajuste y verdad. La cornada le vino precisamente por no volver la cara en el momento de mayor compromiso.

 

FICHA

 

Toros de Alcurrucén, muy bien presentados, serios y astifinos, y de buen juego en líneas generales.

Antonio Barrera: pitos, silencio y silencio en el hirió a Sergio Aguilar

Sergio Aguilar:  herido cuando se preparaba para entrar a matar a su primero (ovación que recogió su peón de confianza Víctor Hugo Saugar).

Luis Bolívar: ovación tras aviso, oreja y ovación tras aviso

En cuadrillas, Ismael Alcón picó muy bien al quinto, en el que saludó David Saugar por dos buenos pares de banderillas. Domingo Navarro y Gustavo García "Jeringa" saludaron también en el sexto.

En la enfermería fue operado Sergio Aguilar de dos cornadas, una con orificio de entrada de 3 centímetros en la parte inferior izquierda de la mandíbula que ha entrado por el maxilar y atraviesa el paladar un centímetro, y otra 'limpia' en el muslo izquierdo de 15 centímetros.

Tras ser estabilizado y controlado fue trasladado al Hospital de Cruces, donde se le harán un escáner y más pruebas para saber si hay más daños, y posiblemente para una nueva operación a cargo de un cirujano maxilofacial

Según el cirujano-jefe de la plaza, el doctor José Luis Martínez Bourio, "la cornada es grave pero no parece que haya urgencia vital. No tenía dificultad respiratoria y hablaba".

La plaza tuvo media entrada en tarde nubosa.