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Sebastián Castella:
Líder de la nueva generación


El hurto de la puerta grande

PORTADA --6 TOROS 6 ------31-05-05

 

El 22 de mayo el torero francés cortó una oreja al primero de los toros de su lote de que pesó la friolera de 628 Kilos. Haciendo caso omiso del fuerte viento, se fue a los medios donde interpretó dos series importantes de mano baja en las que sometió al de Charro de Llen. En el mismo terreno de la boca de riego, se puso a torear por naturales pero las oleadas de viento precipitaron una cogida aparatosa de las que se repuso el torero sin inmutarse y continuó plantando cara con el mismo valor y entrega.

Con la cuota inicial de la salida a hombros conseguida, Castella se enfrentó a un serio astado de la misma casa ganadera pero con el hierro de José Ignacio Charro. De nuevo se fue a los medios para plantarle cara a un toro falto de castigo, de embestida fuerte, algo violenta y sin atemperar en una faena de cara o cruz . Castella se enfrentó al doble ciclón de la embestida y el viento en un gesto de extremo valor. Al intentar un muletazo con la izquierda el toro le descubrió y lo cogió con saña, siendo una gran fortuna el no salir herido. Volvió a la cara siempre con quietud y el público se le entregó. Mató de estocada y el puntillero alargó la muerte y un aviso sonó. Sin embargo, la petición fue unánime y la decisión del palco protestada.

 



Ese día la afición y la crítica se impactaron con la heroicidad del torero francés y varios medios de comunicación destacaron su actuación. Por ejemplo, José Carlos Arévalo, director de la Revista 6 Toros 6, comparó la actitud de Sebastián Castella con la misma que habían tenido César Rincón y José Tomás, en los san isidros del 91 y 99 respectivamente.

“Sebastián Castella vino a triunfar o morir (...) El primero embestía por el derecho y prometía sangre por el izquierdo. Pero el francés no quería ceder un resquicio al conservadurismo. Después de haber ligado el toreo en redondo con la derecha, citó por naturales con sensata heroicidad y sufrió una cogida. Con el quinto, un colorado que ni acudía y galopaba pronto al cite y al que no hicieron sangre ni para un análisis, pero que se defendía como manso nada más entrar en jurisdicción, su gallardía fue el espectáculo más imponente del mundo. Mató arriba y bien. Pero no le dieron una oreja unánimemente reclamada”. En revista 6 Toros 6, número 570 del 31 de mayo de 2005. Página 12.


Heroicidad y épica



PORTADA -APLAUSUOS------30-05-05

Volvió a Las Ventas el 25 de mayo, esta vez ante un encierro de Atanasio Fernández y como testigo de la confirmación del colombiano Luis Bolívar, y de nuevo estuvo a punto de salir a hombros. Sebastián Castella burló la muerte con inteligencia y sorpresiva torería en una faena épica, que lo consolidó como el héroe de la feria.

En el tercero de la tarde, un toro de bonitas hechuras que se empleó poco y sin fuerza en el caballo, ejecutó una redonda faena en la que aprovechó todas las embestidas que, amenazaban, con ser pocas. La faena tuvo un buen aire en los primeros muletazos, y metido en los terrenos del toro, consiguió la mejor serie de derecha abrochada con un gran pase de pecho que puso los tendidos “boca abajo”. Pinchó y luego dejó una estocada entera que propició la concesión de la primera oreja. De nuevo, media puerta grande abierta.

El quinto, que acusó en la báscula 614 kilos, fue protestado por su poca fuerza pero no fue devuelto a los corrales. Además de fuerza, el toro adoleció de casta y a la muleta llegó tardo, probón, andarín y con peligro, condiciones que imposibilitaron el triunfo pero que Castella trató de resolver con firmeza, valor y entrega. El torero francés tuvo que tragar y aguantar las tarascadas del de Atanasio y consiguió una serie muy emocionante al ganarle la acción a su peligroso oponente. Metió la espada con habilidad al primer intento. Tras la muerte del toro vino la petición de oreja, aunque de nuevo, no fue atendida por el palco. Castella fue obligado a dar la vuelta al ruedo mientras que la presidencia se llevó una bronca por no conceder el trofeo.

La crítica especializada se rindió ante el toreo del torero francés. De nuevo, citamos al crítico José Carlos Arévalo: “El hombre joven no cree en la muerte. Piensa que es algo que sucede a los demás. Y algunos toreros, por jóvenes y por valientes, no creen en ella. Y son héroes: se comprometen con su arte a riesgo de su vida. Y lo hacen con naturalidad, incluso con garbo, toreramente.
Sebastián Castella hizo en el ruedo lo que muy pocos, a lo largo de la historia, son capaces de hacer: que el manso con genio defensivo, obedezca; que el pavor colectivo se trueque en clamor estético; que la tragedia sea victoria y no derrota; que donde hay muerte haya fiesta.
Por eso, el torero es un artista diferente, un hombre no como los demás. Por eso, el torero es un héroe. Como Castella en este San Isidro.
En revista 6 Toros 6, número 570 del 31 de mayo de 2005. Página 13.

Mientras que Iñigo Crespo, de la revista Aplausos, escribió lo siguiente: “Insólito y contundente triunfo de Sebastián Castella que por segunda vez en tres días estuvo feroz de valor, poder y técnica, y que de nuevo, el mismo presidente, le niega su leal derecho a salir en hombros por la Puerta Grande. Méritos hizo, de nuevo sobrados.
Y es que Castella estuvo importante de exposición, dominio toque y solidez en el segundo de la tarde. Un animal noble al que había que llevar cosido y por abajo. Darle muchas ventajas. Todas. El francés le ligó muletazos de trazo largo por el pitón derecho y se rompió como un león por la mano izquierda en dos series de estupendo ritmo. Con el toro apagado se metió Castella en un acalorado cuerpo a cuerpo. Severo arrimón entre las puntas. Se lo sacó por delante. Por detrás. El valor florido que a raudales tiene salió a relucir. Sin conseciones. Generoso con el animal. Un circular atroz. Después otro. Un torero de muchos quilates” En revista Aplausos número 1444 del lunes 30 de mayo de 2005. Página 27.



De virtual triunfador a consagración definitiva



La doble injusticia que el presidente cometió, le impidió a Sebastián Castella alzarse como triunfador de San Isidro y encabezar la historia taurina de su país. Nunca un matador de toros galo había conseguido la puerta grande de Madrid, algo que Sebastián conquistó en el ruedo pero que le hurtaron en un palco. De lo contrario, estaríamos refiriéndonos, por la grandeza de un éxito, en el mejor torero de la tauromaquia francesa.

Sin haber salido a hombros en Madrid, su nombre se erigió como el líder de una generación de jóvenes llamados a relevar a una de las sagas de figuras más importante de la historia. Su cartel se consolidó y en el verano saldrá a dar el 100% de sus facultades ante públicos tan exigentes que certificarán su consagración definitiva. Plazas españolas como Pamplona, Santander, Valencia, Bilbao, San Sebastián, Zaragoza, que le han visto triunfar ahora esperan verle someter a toros imposibles como lo hizo en San Isidro.


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