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Miércoles 18 de mayo de 2005
Torero de época


Con una feria de San Isidro muy renovada en cuanto a carteles debutó la empresa Taurovent, nuevo regente de Las Ventas. Feria con confirmaciones de alternativa de seis jóvenes toreros. César Rincón encabezó dos de los carteles estelares de la feria, precisamente, apadrinando a los confirmantes más esperados del momento.

La primera de sus dos comparecencias tuvo el aliciente de alternar con El Cid y Eduardo Gallo, quizás en el cartel mejor rematado y que más revuelo significó para los reventas. La crítica española, quizás, apuntaba por un triunfo del sevillano que venía en racha tras sus triunfos en la capital andaluza, y una sorpresa del salmatino en su presentación como matador en Las Ventas. Pero fue el torero bogotano que de principio acaparó la atención de los aficionados, y de nuevo, la cátedra de su toreo volvió a estremecer los cimientos de la primera plaza del mundo.

César Rincón estuvo imponente en Madrid. En su lote se reunieron dos toros de Alcurrucén muy enrazados, dos auténticos toros de lidia que desarrollaron complicaciones, lógicamente. La primera oreja la cortó a “Afectuoso” a base de entrega y valor en una faena que tuvo emoción por la codiciosa repetición del toro y por el poderío del colombiano. Oreja de ley. Rincón había demostrado, en el quite de réplica a El Cid, que aquella tarde era la reconquista de “su” plaza.

Y así salió a recibir al cuarto, al que hundió en unas profundas verónicas, quizás las mejores que haya interpretado en esa plaza. Con la muleta, Rincón dio una lección, tal vez una cátedra, de perfecta colocación. Se puso “en el sitio”, dando todas las ventajas a su oponente con el único propósito de obligar a “Tamborilero” a aceptar la invitación de su engaño. Y así pasó, “Tamborilero” era tardo, pero cuando decidió tomar la muleta lo hacía hasta el final. El público vivió la faena en silencio, con una expectación y paciencia casi olvidadas. Faena corta pero intensa, que decidió culminarla en la suerte de recibir. Pinchó en lo alto César, recibió una ovación, y tras un certero volapié, los pañuelos solicitaron el premio que descerrajaba la sexta puerta grande.

“Aunque de distinta forma, esta puerta grande tiene un significado especial para mí. Las primeras veces que lo consigues es todo un sueño, pero según van trascurriendo los años, la temporada no se basa en lo que suceda en Madrid. Pasar el listón de Madrid es cada vez más duro y conseguir triunfar de esa manera te llena de orgullo” dijo César al final de la corrida, cuando la emoción por el triunfo aún no abandonaba su cuerpo. “He vuelto a sentir esos silencios de Las Ventas; soy muy feliz por la profesión que he elegido y el amor que tengo hacia ella hoy se ha incrementado más” [1].

Pudieron ser siete. De no haber caído baja la espada en el cuarto toro de la corrida de la prensa, al cual había vuelto a torear con reciedumbre y firmeza, con verdad y torería, y al que había ligado las series de naturales más emotivas de su paso por Madrid. Una oreja a otro toro inmortalizado por Rincón, “Ruidoso”, con el hierro de Jandilla.

Al parecer, la fatalidad ha sido coincidencia premonitoria del triunfo. O mejor, la raza sin igual y los deseos de aferrarse a la vida de César Rincón, le han permitido “revivir” en los momentos críticos de su vida, y tras ellos elevarse al estrado más alto de su profesión y en el tribunal más importante del toreo como es el coso de Las Ventas. César ha reconquistado Madrid, un feudo que fue suyo; sigue siendo suyo.

[1] Declaraciones publicadas en el diario El Mundo, Madrid 19 de mayo de 2005

 

Portada

Martes 21 de mayo de 1991
Primera salida a hombros

Miércoles 22 de mayo de 1991
“Torero, torero”

Jueves 6 de junio de 1991
El rey del toreo y el Rey de España


Martes 1 de octubre de 1991
“Por una puerta o por otra”

Lunes 29 de mayo de 1995
Someter al toro, someter al público

Miércoles 18 de mayo de 2005
Torero de época