SALVADOR CORTÉS

........................................PASO A PASO

 

Cali ha apostado dos veces por el toreo de este matador sevillano. Lo contrató para la pasada feria pero una lesión en una mano le impidió debutar en Cañaveralejo. Ahora, con nuevos argumentos, conquistados tarde a tarde en el ruedo, espera ratificar esa confianza, una confianza que no todas las empresas le ha generado.

En 2006 fue el máximo triunfador de la feria de abril de Sevilla, cortó cuatro orejas en una sola tarde, algo que no se conseguía hace más de dos décadas.

 

 

 

En tiempos en que la administración del toreo ha pasado a ser el botín de grandes empresas, esas que diseñan el negocio en invierno y poco reparan en el el aire nuevo de la primavera, el viejo adagio de que cada tarde significa un contrato más, parece haber salido del repertorio de los toreros contemporáneos. La mayoría de ferias europeas empiezan a delinearse a comienzos de temporada, por lo que es muy frecuente que ferias septembrinas obvien a los grandes triunfadores de comienzo de año, quienes apuestan por sembrar triunfos que nunca saben cuando recogerán los frutos.

 

En el actual escalafón, cada vez es mayor el número de toreros que en abril saben con cuantas corridas recibirán el otoño. Pero si hay alguien que sabe que cuando se pone un traje de luces le va a significar un contrato más ha sido el sevillano Salvador Cortés, un torero acostumbrado a apostar y triunfar, aunque no tanto como a recoger.


Y es que este sevillano es el mejor ejemplo de los toreros que reman contra la corriente. Sin el amparo del apoderamiento de grandes mecenas, se forjó a fuego lento como novillero. No le importó tener tan de cerca el drama y la cara menos halagüeña del toreo. En su familia, su hermano, Luis Mariscal tomó la alternativa en la feria de Sevilla del 98 y en menos de dos temporadas su nombre había pasado al olvido.


Salvador, en ese entonces novillero, entrenaba con su hermano quien ha sido el mejor ejemplo de superación, pues su ilusión por torear lo anima a levantarse a entrenar sin tener el aliciente de un calendario lleno de fechas señaladas.

 


Y por eso Cortés luchó por ser torero. En 2004 empezó a ver de cerca la recompensa de sus esfuerzos; recordaba las tardes en que veía como se cerraban contratos en los bares, como un camarero más de Sevilla, mientras soñaba con ser él quien firmara esos papeles. Mientras tanto toreaba pocas novilladas, pero consiguió meterse en las de la Maestranza. Salió a hombros, fue el mejor novillero de Andalucía en esa temporada y le prometieron la alternativa en la feria del año siguiente. Eso sí, sólo una tarde.

 

 

 

Sin embargo, Salvador tenía la ilusión de que ese primero de abril no sólo significaría ver cumplir el primero de sus sueños, sino el verdadero inicio de su carrera. Era conciente que un triunfo en La Maestranza abriría no sólo la puerte del Príncipe sino las demás del toreo.

 

Pero tuvo que conformarse con abrir, de momento, solo la puerta grande de Sevilla. Cortó dos orejas a un toro de Núñez del Cuvillo, pero se estrelló con que la mayoría de ferias estaban hechas y no había campo para ratificar su triunfo.


Pero las no gratas sustituciones fueron su carta de salvación. Cogió huequitos dejados por sus compañeros y los aprovechó con triunfos. En 2005 cortó orejas en Espartinas, Pamplona, Vitoria, Córdoba, Málaga y Jaén entre otras.

 


Con el aval de esos triunfos esperaba que el 2006 tuviera otro decorado. No fue así. Y de nuevo, la Maestranza , significaba su mejor escaparate. La tarde del 28 de abril significaba otra cita más llena de definiciones. Cortés se había preparado para su nueva cita en Sevilla. Con las ganas y la ilusión de apoderarse del toreo salió al ruedo maestrante, también con la presión de demostrar que lo de 2005 no había sido una casualidad.

 

“Desde que me anunciaron en Sevilla estaba muy mentalizado, porque me anunciaron una sola tarde y tenía que pasar algo”, señaló Cortés en el programa Los Toros que dirige Manolo Molés. “El año pasado corté dos orejas y creía que todo iba ser más fácil y no ha sido. La única manera era cortando ni una oreja ni dos, tenían que ser cuatro”, puntualizó.


En su primer toro, aprovechó la movilidad del de Parladé para hacer una faena en la que el temple fue la mayor virtud, además de entregarse en la suerte suprema y dejar una estocada en lo alto, fulminante. A sus manos pararon con justicia las dos primeras orejas de la tarde, y con la cuota inicial de la puerta del príncipe, se fue a abrirla en el sexto, sin dejar nada a la suerte, y por eso se fue frente a la inmensa puerta de chiqueros de Sevilla para esperar el toro a porta gayola.


“Yo nunca lo había hecho y nunca se me había pasado por lacabeza”, reveló. “Pero siempre he escuchado a las grandes figuras del toreo decir que hay días en que hay que hacer un esfuerzo y olvidarse del cuerpo y hay que salir a la plaza sin saber si vuelves o no. Creo que ese día era el clave, porque tras haberle cortado las dos orejas al primero, con lo difícil que es, tenía que buscar la manera de salir por la puerta del príncipe. Yo no buscaba la otra oreja solo, buscaba las dos orejas también, y así fue”, manifestó.

Cortés, de familia de dinastía taurina, protagonizó ese día, junto con su hermano, el también matador de toros Luis Mariscal, uno de los momentos más emotivos de la feria. Salvador le brindó la muerte del toro a Mariscal quien se encontraba en una de las localidades de la plaza sevillana.

“Ese brindis era una pequeña inyección de moral para que siga”, dijo. “Lo veo que no para de entrenar y siempre va al campo con migo a pesar que lleva 5 o 6 años sin vestirse de torero esperando que llegue el momento que llegue sin parar de prepararse. Eso es muy duro y hay que ver que esa afición que tiene para aguantarlo”.

 

 

 


Y tras el brindis, una faena donde sobresalió la largura de los muletazos, en series ligadas que tuvieron resonancia, gracias a que el toro transmitía porque el torero lo había dejado, apenas sangrar, en la suerte de varas. Otra vez se jugó la vida en la estocada, y aunque esta vez salió con la taleguilla rota, el toro cayó fulminado. Otras dos orejas paseó en la vuelta al ruedo.


Aunque Salvador deseaba conseguir un triunfo semejante, es sincero al decir que no lo esperaba. “Uno quiere, lo que pasa es que a veces no siempre se consigue. Pero el querer es poder y creo que ahora mi vida como torero va cambiar y las cosas se pondrán mejor”.

Las claves del triunfo, para el sevillano son, además de la afición la continua preparación. Durante el invierno, tras una lesión que le impidió presentarse en la Feria de Cali para la cual estaba anunciado con toros de Ernesto González, se internó en el campo de donde no salió y espera seguir allí hasta que se convierta en figura de los ruedos.

“Me tenía que preparar mucho porque aquí no regalan nada y si uno no está preparado pues… La preparación es el 50 por ciento de lo que uno consigue, Mi padre ha vivido toda la vida de esto y aprendes cosas y te cuentan las cosas que han hecho, la vida en el campo y el entrenamiento. Eso me lo tomé muy en serio y lo hice. Me metí en el campo y todavía no he salido de allí, sólo lo haré hasta que consiga ser alguien en el toreo”, expresó el máximo triunfador de la feria de Sevilla.


Salvador Cortés ratificó la calidad de su toreo con triunfos resonantes como las dos orejas de Pamplona, la que cortó en Bilbao y las que paseó en ruedos como Granada, Santander, Azpeitia, Murcia, Málaga o Almería. Triunfos que avalaron esa nueva contratación en Cali, y que espera que no se le escape por la vía de la sustitución, la misma que en otros tiempos significó su alimento tarde tras tarde.

 

SALVADOR CORTÉS SE ADUEÑÓ DE LA MAESTRANZA